Historias disfrutables para leer con devoción

Fueron los días de ayer 09 de octubre de 2019 Por Alex Sanciprián
Este es el texto a propósito de la presentación del libro Íncipit, de Miguel Ángel Leal Menchaca. Se presenta el sábado 12 de octubre a partir de las tres de la tarde en la Feria del Libro Chapingo 2019.
incipit

Un íncipit son las primeras palabras de un texto.

 Siguiendo una tradición hebrea que se retoma en el cristianismo, el íncipit da su título al documento. La palabra opuesta complementaria a íncipit en latín es excipit

 La palabra “íncipit”, que viene del latín y significa “empieza” o “comienza”, es el nombre que se le da al primer párrafo de cualquier texto, ya sea una novela, un ensayo, un poema, un cuento, una encíclica papal o un artículo periodístico. El mejor ejemplo es el íncipit más conocido de todos y viene de la Biblia: “En el principio creó Dios los Cielos y la Tierra”.

 Otro ejemplar íncipit, aunque de tono más sencillo, es el del Quijote. Don Miguel de Cervantes nos intriga, a bote pronto, mediante la alusión a un penoso asunto que por nada en el mundo quiere recordar:

 “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.”

 Otro íncipit de indiscutible resonancia que induce a la búsqueda, a diálogos y descripciones que describen una realidad alterna proviene de la prosa de Juan Rulfo: “Vine a Comala porque me dijeron que aquí vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”.

 Cualquier comienzo de un texto es un íncipit, pero no todos los íncipits enganchan al lector o quedan en la memoria.

En ese sentido, vale apuntar que en cada uno de los quince relatos que integran este nuevo libro de Miguel Ángel Leal Menchaca destaca la frase primera en cada uno de estos textos. Cosa de abrir al azar el libro y hacer la lectura.

De inmediato te conecta con una música, con un lenguaje determinado, con una atmósfera, con unos protagonistas que se mueven entre obsesiones y esperanzas.

 Me ha sucedido que al leer Íncipit me enganché, me conecté conforme avanzaba en la lectura con un fondo musical de danzón mexicano: Almendra.

 Qué pasó. Recordé el ritmo, los primeros acordes del danzón Almendra, y esa cadencia presidía mi lectura. Es decir, la técnica narrativa de Miguel Ángel Leal Menchaca tiene mucho de danzón. Se disfruta en su lectura, en sus diálogos, en su estructura narrativa.

 Y entonces, poco después, ocurrió la magia: al ir en el trasporte público miré una frase estampada en la gorra de un viajero: “Estoy contigo”. Me encandilaron esas dos palabras. Fueron el Íncipit de un vuelo poético que aquí pongo a su consideración en sus dos primeros párrafos:

 “Estoy contigo, en la pulcritud gris

de un lacio presente, húmedo, creciente,

con sabor a lluvia de junio

y olor a rosas recién cortadas.

 

Estoy contigo, en la alusión luz

de una melodía de amor vieja,

con olor a leche que hierve

y la sombra del sonido porvenir…”.

 

 Otro aspecto a destacar de la nueva producción editorial de Miguel Ángel es el título con el que bautiza a cada uno de sus textos narrativos. Son encabezados breves, contundentes, precisos, recordables.

 En el desarrollo de sus historias se denota un oído fino para replicar el tono que incumbe a cada personaje; también se aprecia el bagaje, la suma de lecturas de Miguel Ángel para instrumentar la arquitectura (a veces visual) que le imprime a los relatos.

 Pareciera que estamos mirando una película. Son secuencias, ejercicios descriptivos de indiscutible afinación, como de danzón bien ejecutado que invita a seguir el encanto de su ritmo.

 Ahora bien, regularmente se aduce que la naturaleza del escritor es que al escribir echa mano de su manantial autobiográfico. No necesariamente. Miguel Ángel se mete, literalmente, en la piel de sus personajes y los vuelve piadosos, pero también desalmados. Algunos envilecen a quienes se dejan, en tanto que otros buscan, desesperadamente, el asidero de un destino manifiesto. Otros, desde el inframundo, se empeñan en seguir presentes en el recuerdo y el peso imborrable de los detalles significativos. Eso ocurre en el relato titulado “La muerte de Medel”. Se trata de una historia conmovedora de amor-odio, de una relación que ha dejado una profunda huella en Ada, la mujer aparentemente frívola que poco a poco reconoce los furores de Medel vivo y muerto. Seguramente varios danzones horizontales bailaron mientras duró su idilio.

 Hay un relato en Íncipit de dulce aire pasional que se vuelve aleccionador al final.

Así es, los protagonistas principales se mueven entre la ingenuidad y cierta maldad que anida en la naturaleza femenina al saberse seres hábiles en el arte de la manipulación. Se llama: “No salgas a la calle, niña”. Leticia y Menchaca, así se llama el protagonista en el cuento, habitan una relación disfuncional. Ella bipolar. Él de noble estampa y capaz de un lirismo pasional para comprender la fatalidad que le ha tocado habitar, por un tiempo. Dice Menchaca al final del relato: “para olvidar a una mujer, el mejor método es hacerla literatura. Sólo que con ella no había tenido oportunidad”.

 Coincido con los dos Menchacas: el protagonista y el autor de este aleccionador libro, por disfrutable lectura a pesar de ciertos errores tipográficos, y escaso cuidado en la producción técnica. Son detalles superables, sin duda, en una previsible nueva edición de Íncipit en otra editorial.

 Mientras tanto, les invito a leer y tal vez a bailar en el ritmo que les acomode este Íncipit de Miguel Ángel Leal Menchaca.

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