Uno no sabe nunca nada; Álvaro Carrillo en Chapingo

Fueron los días de ayer 07 de noviembre de 2019 Por Alex Sanciprián
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Texcoco, Edomex.- En ocasión del aniversario número 100 del nacimiento y 50 de la muerte del insigne compositor Álvaro Carrillo, la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) ha programado para este año un magno Festival de la Canción de Aficionados Álvaro Carrillo, en su edición 36. Será del 11 al 15 de noviembre.

El destacado bolerista fue alumno de la UACh. Uno de los Auditorios de la institución lleva su nombre. Y precisamente ahí se llevará el certamen musical que lo evoca.

Es del dominio público esa entrañable mancuerna Álvaro Carrillo-Chapingo.

El compositor ingresó a la Escuela Nacional de Agricultura (ENA) en Chapingo, después de aprobar exitosamente el examen de admisión, a pesar de que el reglamento de la ENA en aquel tiempo solo permitía participar en el examen de admisión a los alumnos que hubieran terminado la escuela secundaria; el reglamento se modificó para dar igual oportunidad a los alumnos que provinieran de los internados agrícolas. Fue así como el compositor pudo ingresar a esa escuela, aun sin haber cursado la escuela secundaria. 

Cuando Carrillo cursó sus estudios en la ENA, lo hizo en la etapa en que existía el régimen militarizado. Su afición por las canciones lo llevó a escapar frecuentemente de la escuela y, por consiguiente, a acumular varias amonestaciones. Fue tal su pasión por la composición y la música que abandonó el estudio durante un año. El director lo convenció de que terminara la carrera de agrónomo. Así lo hizo, y recibió el título de ingeniero agrónomo en 1945. Dejó a su escuela una canción de despedida, que es como un himno para esa institución: "Adiós a Chapingo".

Su voz no era un portento. Sin embargo, lograba el suficiente empuje como para hacer brillar el arcoíris de emociones que destilan sus canciones. Otros intérpretes le han dado y le untan el sello de inolvidable a sus piezas.

Seguiré mi viaje. Con ese tiempo de bolero-jazz intrínseco tenía la virtud de concitar la atención del respetable, lo mismo en audiencias íntimas que a la hora de bregar en el estudio de grabación. Desde la humildad de asumirse como una simple comparsa el enamorado no pretende asumir la altivez de la desalmada, y entonces reclama su íntimo dolor: “me haces menos y ese es mi coraje. Y si no te gusta lo que traje, adiós, que de algún modo seguiré mi viaje”.

Su cumplidora voz tenía ese registro lírico de meterse a fondo en el alma colectiva.

La temática de sus líneas, con filo poético, provenía del aparente absurdo de enamorarse de una mujer casquivana (Como se lleva un lunar) y de la imperante necesidad de aquietar el creciente enojo de su mujer por su afición a la beberecua (Sabor a mi) y de paso marcar territorio y etiquetar su hegemonía sentimental. 

Hizo del tempestuoso amor un catálogo de experiencias límite. Lo íntimo que propone es sencillamente un acuerdo tácito exento de condiciones morales. El paréntesis de eternidad le daba luz para escudriñar las diversas facetas del enamoramiento (Seguiré mi viaje), para proponer alternativas de sobrevivencia en el medio de la desolación. 

Hizo también del amor ave de paso, y la clave para continuar en el valle del sufrimiento. 

Ha dicho que tal vez está loco para atormentarse, pero luchará para desterrar las mentiras de su corazón. 

Sabrá Dios -advierte- si es querido o no. Y como no adivina, seguirá pensando que él es el elegido. Y en un arranque de dulce ingenuidad pregona que no tiene derecho a la duda porque “uno no sabe nunca nada”; y después presiente la eventual vergüenza por el fatal fracaso por su equivocación.

Álvaro Carrillo ha tenido el prodigio de transformar la sencillez en memorables composiciones que traspasan el tiempo lineal. “Un poco más y después nos comprendemos luego. Un poco más, y a la mejor nos comprendemos luego. Un poco más, que tengo aromas de cariño nuevo. Volvamos al camino del amor, no importa lo que tenga que olvidar. Si vamos a sufrir por un error es preferible un ruego”.

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