El falso debate entre marchas feministas y destrozos a monumentos históricos

Jordi Salazar 28 de noviembre de 2019 Por Jordi Salazar
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En días pasados, nuevamente salieron a las calles grupos feministas para exigir a las autoridades acciones para poner fin a la violencia de género.

En dicho movimiento, así como en el del 16 de agosto de este año, parte de las expresiones fue la pinta de monumentos históricos, cristales rotos, aunque sin brillantina morada en el Jefe de la Policía capitalina y tampoco reporteros noqueados.

En nuestro país la violencia de género, en especial el feminicidio, ha llegado a índices alarmantes, incluso ha permeado al interior de las instituciones educativas; como muestra está el caso de la estudiante mexicana Lesvy Berlín Osorio, ocurrido el 3 de mayo de 2017, día en que fue encontrada sin vida en Ciudad Universitaria, hecho que en un principio había sido declarado como suicidio, sin embargo y gracias a la presión de la familia y la sociedad civil, las autoridades determinaron que se trató de un homicidio, concluyendo con la captura de Jorge Luis González Hernández, ex pareja sentimental de la estudiante.

Este no es el único caso que se presenta, tan solo en la UNAM, en los últimos dos años, se han cometido 6 feminicidios dentro de la Casa de Estudios, sumados a numerosas denuncias en contra de personal académico y administrativo por acoso sexual e incluso violación.

Y esto es solo una muy pequeña parte de lo que ocurre en el país.

Motivos no faltan para exigir a las autoridades, sin importar el color partidista de origen, que traduzcan el discurso en acciones y hechos para terminar con este terrible mal, que, al parecer no encuentra freno.

Sin embargo, los movimientos de agosto y de hace unos días han desatado un falso debate entre el grave problema de la violencia de género y el ataque a monumentos históricos.

Si bien es cierto, como ya se describió, la problemática no carece de fundamentos para expresarse, es una completa falacia el justificar un acto delictivo, como es el vandalismo, haciéndolo pasar como parte del plan de lucha de las organizaciones feministas.

Hablemos claro, no hay que confundir la gimnasia con la magnesia, sí se cometió el delito de vandalismo, que pasa desapercibido gracias a la inacción de las autoridades, quienes deberían resguardar la seguridad y el patrimonio de todos los ciudadanos, incluidos negocios, mobiliario público y monumentos históricos.

También existen diversos delitos dentro de la violencia de género, y también son las autoridades responsables de garantizar la prevención, investigación y castigo de estos, vulneran de una peor manera a la sociedad en su conjunto

Hacer un análisis o al menos emitir un punto de vista colocando ambos factores como parte de una misma problemática es un error, dado que se encuentran en distintos campos de acción, aunque pertenezcan al ámbito penal.

El vandalismo debe de verse únicamente en el contexto del ataque de muebles o inmuebles cometidos durante las marchas, y que no aportan elementos positivos a las demandas o ideales que representan al movimiento.

La violencia de género es un tema en extremo complejo y diametralmente distinto al primer conflicto, en este van involucrados distintos actores y no representa solo un problema de seguridad pública, el tema converge además ámbitos como políticas públicas adecuadas, un sistema educativo enfocado en la prevención, una Iniciativa Privada sensibilizada para fomentar espacios de trabajo libres de violencia de género, un sistema de justicia enfocado en efectuar investigaciones eficaces y expeditas, entre otras.

Así pues, el hecho de criticar o reclamar una cosa, no demerita cuando se exigen acciones para combatir la otra.

 

 

** Jordi Salazar es apasionado por las letras, las ideas y las imágenes, doctorado en estos temas y amante férvido del Jim Beam. Ha participado en distintos foros de discusión sobre temas políticos y sociales, además de colaborar en diversos eventos culturales de gran relevancia.

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