Impetuoso Congreso Chocholteco en Coixtlahuaca, Oaxaca

SOCIEDAD 18 de diciembre de 2019 Por Alex Sanciprián
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Texcoco, Edomex,- El frío de la Mixteca Alta Oaxaqueña, en las madrugadas de diciembre, es calador y recio como las mujeres que hablan claro y directo. 

Es un frío que da de frente y se lleva de tú con la luna cuando es llena y en el medio de la intemperie te cubre desde la planta de los pies hasta las orejas. Te envuelve todo completo y el camino se alumbra aunque se avance tiritando.

Eran las 6.10 de la mañana en Coixtlahuaca, el 14 de diciembre, y aún no clareaba. 

Era un frío estremecedor que se untaba al cuerpo a plenitud. 

Era una calle desierta, a un costado de la iglesia.

Fuimos dos pasajeros que bajamos en Coixtlahuaca.

Enseguida se miraba el lento avanzar del autobús alejándose en ruta a su destino final: Nochixtlan.

Me paso igual que en Comala a Juan Preciado.

Un taxista fantasma o algo así, me dijo: ¿a dónde lo llevó señor?

- A ninguna parte. Mejor dígame dónde consigo un café.

- No, ahora mismo en ningún lado. Todos duermen. Al rato, seguro. Ya saliendo el sol.

- ¿Dónde hay un restaurante?

- Claro que sí. Vaya al Centro. Vaya usted, asómese. Camine, sirve que así el frío no se le pega tanto.

Y avancé lentamente. 

Paso a paso, como fantasma tembloroso, sin sábana alguna encima. Solo mi chamarra y la fe de hallar un alma caritativa ofreciéndome café.

Crucé por un pequeño jardín y a punto estuve de sentarme en una banca a esperar la salida del sol. Preferí seguir. Nada, nadie. Solo murmullos cercanos. Calles desiertas. Ni siquiera escuché ladrar los perros. 

Caminé hasta llegar a una calle amplia y pude mirar el origen de los murmullos: un distante molino, con un foco escuálido de 80 whatts encendido, donde varias personas conversaban. Al acercarme al molino pude confirmar que se trataba de un pequeño local iluminado con luz de tristeza, como si estuvieran en un velorio.

Solo saludé al paso y seguí mi camino hacia ninguna parte. 

Al inicio del alba encontré una tienda abierta, también con luz de tristeza en su interior. Desolación rampante.

Con la luz del día una señora barría el frente de su casa. Una mujer que salió de quien sabe dónde me dijo: vaya allá. Esa señora le dará café y tamales. Camine para que ya salga el sol.

Llegué a Coixtlahuaca a tomarle el pulso a la realización del Congreso Chocholteco.

Vine a Coixtlahuaca porque me dijeron que acá vería a la senadora por Oaxaca. Una dulce y sencilla mujer llamada Susana Harp.

El Consejo Institucional de las Autoridades Municipales y Agrarias Chocholtecas, de las 18 comunidades Ngiigua, junto con la anfitrionía de la Profesora María Filiberta Bazán Velasco, Presidenta Municipal de la comunidad de San Juan Bautista Coixtlahuaca, Oaxaca, celebraban, el pasado 14 de diciembre, "El Congreso de la Nación Chocholteca".

Estaba programada la participación de Susana Harp, Senadora de la República por Oaxaca. Y así fue durante el día.

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Se hizo la declaratoria del "Reconocimiento de los pueblos Hermanos de la Nación Chocholteca", con la finalidad de rescatar y preservar su Lengua (Ngiigua), Identidad, Libre Soberanía, Cultura, Necesidades, Igualdad y Equidad.

Es decir, tuve el privilegio de conocer y platicar con varios Chocholtecas que se organizaron para salvaguardar su cultura: gastronomía, lengua materna, lienzos, códices, textiles, y danzas.

Uno de los emotivos sucesos de esa reunión de pueblos indígenas fue cuando un grupo de jóvenes entonaron el Himno Nacional en lengua chocholteca.

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“El rescate de nuestra cultura, la conservación de las costumbres y tradiciones, el hecho de que las antiguas generaciones estén transmitiendo principalmente el aprendizaje de la lengua que es el chocholteco, que son las dos variantes que tiene el chocholteco”, comentó. Bazán Velasco.

Advirtió que cada comunidad chocholteca cuenta con su patrimonio propio, sus tradiciones y costumbres, las cuales lejos de desaparecer, las autoridades y la sociedad han impulsado su preservación.

Recordó que en el caso de Coixtlahuaca, la comunidad cuenta con los vestigios donde se estableció el poder del rey Atonaltzin y la reina Xochiquetzal, entre otras riquezas históricas que se analizaron en las mesas de trabajo establecidas durante el mencionado congreso.

Entre los delegados asistentes se contó con la presencia de Raúl Nieto, Guadalupe Montalvo y Edelmira Heras.

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Cabe señalar que los municipios ubicados en la región chocholteca son: Villa Tamazulapan del Progreso, San Miguel Tulancinco, Tepelmeme Villa de Morelos, Concepción Buenavista, Santiago Ihuitlán Plumas, Teotongo, San Miguel Tulancingo, San Cristóbal Suchixtlahuaca, San Mateo Tlapiltepec, Santiago Tepetlapa, Santa Magdalena Jicotlán, Tlacotepec Plumas, entre otros más.

Al atardecer salimos de Coixtlahuaca. 

Había concluido el Congreso Chocholteco, las mesas de trabajo, la comida, la convivencia con la senadora Susana Harp, y el sol extremo que durante toda la jornada iluminó y calentó los corazones de los asistentes.

Ir a Oaxaca y a las profundidades de sus pueblos mixtecos es llenarse los ojos de paisajes, adentrarse en conversaciones sinceras y aleccionadoras; es redescubrir el difícil arte de la sencillez de las personas que aman el terruño, que gozan de la identidad y el arraigo.

Estar en Oaxaca es sufrir y gozar y templar el cuerpo con la luz de luna, con el cielo mixteco, con su frío y calor que destilan vida. 

En otro tiempo conocer y desayunar en Tepelmeme. A la vuelta de los días reencontrarse con la magnífica bóveda celeste que se aprecia en las noches allá en San Miguel Tulancingo. 

Asombrarse con el ritmo progresista de una ciudad como Huajapan de León, y desde ya recordar la travesía de madrugada en Coixtlahuaca, el abrigo y atención brindada en el restaurante Tío Betín.

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