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title: "¿Y qué puedes hacer tu?"
article_type: "Article"
description: "* Ceci Luna es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Chihuahua. Es autora del cuento infantil ilustrado \"¿No?” publicado por el Gobierno Municipal de Juárez. Actualmente labora en la Administración Municipal de Ciudad Juárez, donde ha colaborado como diseñadora en las publicaciones “Carta del Municipio de Juárez por el Derecho a la Ciudad”, “Carta de los Niños, Niñas y Adolescentes del Municipio de Juárez por el Derecho a la Ciudad” y del “Programa Municipal de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes para el Municipio de Juárez”."
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date_published: "2026-01-19T06:52:00-06:00"
date_modified: "2026-01-19T06:56:16-06:00"
author_name: "Ceci Luna *"
category_name: "CULTURA - Fueron los días de ayer"
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# ¿Y qué puedes hacer tu?

![IMG-20260118-WA0057](/download/multimedia.normal.bb6b73f080d766c8.bm9ybWFsLndlYnA=.webp)

En un bosque profundo, con grandes pinos de oyamel, en donde siempre hay neblina y el clima es templado, se encuentra un mundo pequeño que nadie ha conocido. Un mundo pequeño que guarda un gran secreto pues es habitado por seres mágicos que son hermosos a la vista y brillantes más que otros, entre ellos se llaman Copitl, pero nosotros, los humanos, los conocemos como luciérnagas.

Cada noche, las Copitls se reúnen para bailar y cantar en la mitad del bosque, alumbran más que nunca y la pasan bien. Ríen, aplauden, se abrazan y bailan, pero nadie las escucha. Cuando un humano llega, ellas cambian sus formas y bajan sus voces y su luz para no ser escuchadas ni vistas, se esconden para no ser secuestradas ni llevadas a otro lado, porque durante siglos fueron las dueñas del bosque, pero desde hace años los humanos se han apoderado de su bosque. Cada vez son menos y deben cuidarse entre ellas. Saben que son especiales, por eso se cuidan unas a otras buscando no perder más compañeras, ahora hacen sus fiestas en el bosque más profundo pero cada vez que logran adentrarse y esconderse los humanos logran encontrarlas, hace poco perdieron a 10 compañeras, arrebatadas por una niña pequeña que las tomó prisioneras y las metió en una horrible cárcel transparente de forma cilíndrica.

Un fatídico día, las Copitl viajaron al este, buscando refugio en donde los humanos no pudieran encontrarlas; una de ellas se extravió. Icpit era su nombre, una pequeña criatura de ojos y patas grandes, con antenas retorcidas un poco más que las del resto. De repente su luz no quiso brillar más, titilaba y por ello no lograba ver hacía donde se dirigía. De pronto, algo oscuro la cubrió y no pudo detener su vuelo, cerró sus grandes ojos fuertemente y gritó aterrada pues algo la arrastraba rápidamente hacía un camino que no conocía.

De repente algo la golpeó y abrió sus ojos, estaba en un hermoso bosque con un clima más delicioso que en el que ella había vivido. ¿En dónde estoy?, se preguntó. Creo que perdí mi enjambre, pero este no parece nuestro bosque, puedo sentirme libre de volar y no siento el aire pesado al respirar.

Súbitamente, vislumbró a lo lejos un enjambre de luciérnagas, ¡eran enormes!, con una luz que cegaba a quienes pasaran cerca, estaban en su forma natural no se escondían de los humanos, ni tampoco se resguardaban para que nos las secuestraran. Le pareció extraño, pero decidió acercarse y preguntar en donde estaba.  
—¡Hola! —dijo con voz muy baja y tímida— Perdí mi enjambre y me preguntaba si pudieran ayudarme.

Una Copitl de grandes y extravagantes alas volteó y no logró reconocer qué tipo de criatura era la que le hablaba.

—¿Quién eres, criatura extraña?

—Mi nombre es Icpit, y me perdí porque mi luz comenzó a apagarse.

—No es posible que la luz de una Copitl se apague. ¿Qué clase de luciérnaga eres?

—No lo sé, creo que una normal —dijo encogiendo sus patas.

—¡Imposible! —aseguró otra Copitl de gran tamaño cuyos ojos eran los más verdes que Icpit había visto jamás—. Eres tan pequeña y escuálida y tu luz apenas es perceptible, debes ser una polilla que nos ha robado polvo brillante; esas y tantos otros han querido ser como nosotros desde siempre.

—¡No!, no lo soy; en verdad soy una Copitl, solo… solo que creo… que no soy de aquí.

—¿Cómo que no eres de aquí, a qué te refieres criatura? —Comentó una Copitl cabezona que parecía ser la líder del enjambre.

—No lo sé, algo me arrastró hasta aquí, no sé qué o cómo, pero este no es mi bosque.

—Jamás hemos conocido a alguien que no sea de este bosque, así que no juegues más… ¡y vete de aquí!

—¡Es verdad! No soy de aquí, algo me arrastró, yo… yo no había conocido nunca un lugar cómo este. En mi bosque, a las Copitl nos cuesta respirar y cada vez somos menos. Cada año hace más calor y se vuelve muy difícil para las pequeñas larvas el poder crecer, y nuestros ancianos no pueden moverse mucho. Hemos estado buscando lugares cada vez más alejados para vivir, pero no… Cada vez quedan menos. En cambio, estos árboles parecen muy fuertes y huelen muy bien, pareciera que jamás han talado alguno. Además, los humanos nos secuestran y matan, creo que nos ven como un trofeo.

—¿Humanos? preguntó la luciérnaga mayor—. ¿Qué es eso?

—¿No hay humanos en este bosque? —preguntó Icpit.

—No tenemos esa clase de insectos en este bosque. ¿Qué beneficios traen al mundo?

—Mmmh… No lo sé, solo los vemos tirar basura en nuestro bosque, se suben en unas cosas hechas de metal que a menudo chocan entre sí y que sacan mucho humo por detrás, ¡ese humo ha matado a enjambres completos! También llevan una cosa roja que brilla mucho, pero que es muy peligrosa, arde el cuerpo cuando te acercas y algunas de nosotras han muerto por acercarse demasiado. Creo que no han traído muchos beneficios a nuestro bosque.

—Realmente inservibles, me parece —dijo con una voz orgullosa y altiva la luciérnaga líder.

—¿Y, porque quieres regresar allá si existen esos insectos repugnantes?

—Ahora entiendo que debo detenerlos, debo evitar que destruyan nuestro bosque y a las pocas luciérnagas que quedamos.

—Sabia decisión…

Levantándose, la luciérnaga líder movió fuertemente sus alas brillantes creando ráfagas de aire que levantaron por los cielos a Icpit.

Icpit cerró sus ojos y se dejó guiar por el viento, sabiendo que ahora tenía una misión que cumplir. Debía evitar que los humanos destruyeran su bosque, y a su enjambre. Pero… ¿Qué podría hacer una pequeña e insignificante luciérnaga cuya luz se estaba apagando?

De repente Icpit sintió como su pecho se sentía más pesado, había llegado a su destino; lo supo porque su respiración se volvió más agitada y difícil de mantener. Asomó su cabeza por un pequeño agujero y lo que logró ver, cambió su vida por completo.

A lo largo y ancho de lo que su vista podía captar, lo único que pudo ver fue toneladas y toneladas de basura en las calles, fábricas que tiraban sus desechos en los ríos y en los mares y que soltaban vapores tan densos que también a los humanos los mataba poco a poco. Aviones volando por los cielos dejando a su paso cientos y cientos de partículas que contaminaban aún más. ¿Pero qué podría hacer una pequeña e insignificante luciérnaga cuya luz se estaba apagando? ¿Qué puedes hacer tú? ¿Qué podemos hacer todos?

¡Claro que podemos! Una acción a la vez, una luciérnaga a la vez.

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