Johnny Pacheco ya forma parte de la “Emisora en el cielo”

SOCIEDAD 15 de febrero de 2021 Por René Aguilar Díaz
El hacedor de Fania All Star ya se mudó al otro barrio, como dice Rubén Blades.
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Era, si la memoria no juega su juego de deterioro, la Semana Santa de 1983 y Johnny Pacheco vendría a Veracruz para acompañar a su amigo Luis Ángel Silva, mejor conocido como Melón, para una actuación en un estadio de beisbol del Puerto.
Melón, con esa flema que lo caracterizaba ―de humor reseco, casi agrio― estaba, de todos modos, exultante. Era de los pocos mexicanos que no sólo había grabado para el sello Fania, sino que lo había hecho con el mismísimo Pacheco, y por supuesto alardeaba de ello.
Vendría Pacheco a Veracruz y yo, la verdad no lo pensé dos veces; era una oportunidad única para conseguir una entrevista con él. Las estrellas de salsa de Nueva York, de moda en esos años, viajaban más fácilmente al Puerto que a la Ciudad de México. Ahí estaba “el público natural”.
No se había acordado una cita, así que tuve que esperarlo un tiempo en los jardines de un lujoso hotel. Pero apareció como era él, un tipo simpático, relajado: espigado, con la melena gris que daba pie a su apodo de ese tiempo “el Zorro plateado”. Quería fumar un habano y no conseguimos un fósforo, pero de todos modos la entrevista fluyó ligera, o al menos es mi recuerdo: Pacheco interrumpía para hacer comentarios chuscos, pero sobre todo no le daba la vuelta a ninguna pregunta, por “incómoda” que pareciera.

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El baile-concierto, se llevó a cabo, como apunté, en un estadio de beisbol, que creo se llamaba “Beto Ávila”, como el célebre pelotero. Y bueno, como dicen los melómanos “se formó la rumba”. La Sonora Veracruz estuvo a la altura. Además, en algún momento se subió a la tarima otro personaje: Carlos Daniel Navarro, conocido por unos y otros como Lobo. Sí, en efecto estaban juntos otra vez ―y me parece que fue la última― Lobo y Melón.
Sacando cuentas, unos cinco años atrás, Melón había grabado con Pacheco el LP titulado “Llegó Melón”, donde a decir verdad el sonero de Santa María la Ribera, le ponía lo suyo: sabor y jícamo. Pacheco me contó en la entrevista, a propósito de una pregunta sobre la calidad de los músicos mexicanos, que particularmente los trompetistas nacionales eran muy buenos, y que había escuchado a la Sonora Veracruz y los ejecutantes de ese instrumento le habían parecido sobresalientes.
Entre otros temas que conversamos con Johnny Pacheco, estaba la importancia que llegó a tener la Fania All Stars en el mercado global.

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En los primeros años 60, Pacheco junto con un abogado judío-italiano, Jerry Masucci, fundaron la compañía disquera Fania, de la cual nunca imaginaron que tendría un tremendo impacto, primero de forma doméstica y luego se convertiría en un fenómeno mundial. Con la explosión del negocio vendrían también la polémica, por ejemplo, la queja de los músicos hacia el manejo de los dineros a cargo de Masucci. Héctor Lavoe lo resumía de alguna manera en una frase: “El problema de la Fania, es que hay muchas estrellas y poco cielo”.
En la década de los 70, en las reuniones de los universitarios que éramos entonces, no faltaban los discos de La Fania All Stars, grabados en el Yankee Stadium, o de boleros en la voz sensual de Cheo Feliciano, y era una delicia ver cómo esa música nos hacía mover los pies y las caderas. A la distancia no exagero si afirmo que esa música fue parte de nuestra educación sentimental también.
El aspecto creativo y musical estaba a cargo de Pacheco quien, a la vista de los hechos, descubrió y produjo los discos de talentos como Willie Colón, el propio Héctor, y tantos más. Recicló ―para no decir rescató del olvido― a muchas figuras de antaño como Celio González, Celia Cruz, Daniel Santos, al propio Luis Ángel Silva. Me dijo esa ocasión, “con ellos voy a formar una orquesta que se llame Pacheco y su Asilo” (risas obligadas).
Nació dominicano, pero creció en Nueva York, y ahí se formó como músico. A lo largo de su vida se hizo acreedor a varios premios y reconocimientos. Hoy no se puede negar el gran mérito que tiene el ser el principal impulsor, a lo menor de manera involuntaria, del fenómeno de la salsa. Hace tres días fue hospitalizado por un problema respiratorio que se transformó en pulmonía.
Hoy, Pacheco se ha marchado. Seguramente estará apuntado en la “Emisora en el cielo”, (de la que cantaba Andy Montañez), para hacer bailar a quien se deje. Y a quien no se deje también.

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