
* La meta de construcción en la entidad es de 15 mil hogares, la cual podría incrementarse a 30 mil en 13 municipios.
Alex Sanciprián

Hay pueblos que no se leen en los mapas, sino en la paciencia de quien rescata sus huellas.
Tepetlaoxtoc —tierra de vientos viejos, cascos de haciendas silenciosas y altares de piedra— ha encontrado en la pluma y la mirada del doctor Omar Tinajero Morales a su cartógrafo más fiel.


Como cronista municipal, su oficio no consiste únicamente en acumular fechas o rescatar datos curiosos; se trata de sostener el pulso de la memoria para que el tiempo no termine por erosión.

​Durante tres décadas, Tinajero Morales ha caminado el Acolhuacan con el rigor del historiador y la sensibilidad del poeta. Su producción editorial, que supera los cincuenta títulos y ha cruzado fronteras lingüísticas, traza una geografía sagrada donde el pasado se vuelve patrimonio vivo.
En Rescate del patrimonio cultural del Acolhuacan, la historia deja de ser una estatua inerte para transformarse en una herramienta que dignifica el territorio y proyecta a Tepetlaoxtoc como un punto indispensable en el mapa cultural y turístico de la región.
​Pero la piedra y el archivo necesitan del contrapunto de la emoción. En Imágenes del silencio, el cronista se detiene en los destellos cotidianos: anota los rostros de personajes ilustres y delinea los contornos del paisaje con una delicadeza casi poética.
Y en su entrega más reciente, Vientos de nostalgia —obra concebida en colaboración con Marcelo Macías y Jorge Bazaldúa—, el recorrido se vuelve monumental. Desde los últimos suspiros de la época colonial hasta la modernidad, el libro reconstruye la espina dorsal del municipio: las iglesias que resguardan la fe, la sobria arquitectura de las haciendas y las vestimentas rotas del antiguo Camino Real.

​Ser cronista, parece decirnos la obra de Omar Tinajero, es ser un guardián de la luz.
En sus libros, las ruinas dejan de hablar de lo que se perdió y comienzan a narrar lo que aún nos sostiene: la certeza de que bajo el viento de Tepetlaoxtoc, la historia es siempre una forma de la pertenencia.












