Víctor Villalobos investido como doctor honoris causa en Chapingo

* En el Día del Ingeniero Agrónomo, que es celebrado cada 22 de febrero, sostuvo que los agrónomos deben contribuir para reducir las enormes brechas en productividad, ingresos y desarrollo regional.

EDUCACIÓN 22/02/2024 Alex Sanciprián
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Los agrónomos tienen el reto de contribuir a la disminución de la desigualdad social en el sector, a través de la innovación, la ciencia y la tecnología, afirmó el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Víctor Villalobos Arámbula, al recibir el título honorífico Doctorado Honoris Causa por parte de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh).

He aquí un extracto de su mensaje:

La agricultura como vocación, el conocimiento como herramienta, el trabajo en equipo como estrategia y la justicia social como convicción, son los valores que adquirí aquí en mi “Alma Mater”.

Formar parte de esta comunidad siempre ha sido motivo de orgullo; recibir de ella esta distinción, además de ser un gran honor, renueva mi cariño por ella y fortalece mi sentido de pertenencia. 
Me dediqué a mis estudios y al deporte. Jugué fútbol americano juvenil, intermedia y mayor y, también formé parte de la selección de básquetbol. 

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Me di tiempo para participar en actividades políticas pues fui representante de mi generación en el consejo estudiantil. En 1971, junto con varios compañeros participamos en la marcha del jueves de Corpus, donde atestiguamos la brutal represión del estado. Esta última experiencia se volvió para mí un mecanismo a través de poder ponderar el valor supremo de la libertad.

Durante mis pocas horas libres, trabajaba como voluntario en la Rama de Genética del Colegio de Postgraduados; apenas en mi tercer año de preparatoria agrícola fui asistente del laboratorio de Genética del Desarrollo, que no era otra cosa que el primer laboratorio de cultivo de tejidos vegetales en México y uno de los primeros en América Latina y que fue la base de lo que ahora es la biotecnología. Este laboratorio era conducido por eminentes profesores japoneses. 

Comprender más la genética vegetal marcó mi futuro profesional, pues fui cultivando en mí la formación científica que me ha acompañado durante toda mi vida profesional.

En mi paso por nuestra escuela, tuve la fortuna de contar con la guía de profesores como Gilberto Palacios de la Rosa, Director de la ENA y mi maestro de genética; Efrén Fierros “Fierritos” de física; Carlos Ortega Obregón, Director de Fitotecnia y mi Director de tesis de Licenciatura; Carrillo Liz de estadística, Curtis Patiño, de citología; Fidel Márquez de Genética; y muchos más, y a todos ellos mi profundo y eterno agradecimiento. 

Como todos, egresé creyéndome sólidamente preparado en mi profesión, pero, como todos, pronto me di cuenta de que la carrera es apenas el vehículo que conduce al verdadero aprendizaje, el que te da el trabajo y el que te da la vida. 

Comprendí que era necesario continuar mi formación y adquirir conocimientos más especializados.

Entonces partí a Japón para un año de entrenamiento en microscopía electrónica, morfogénesis y fisiología vegetal. Determinado a seguir mi vocación en la investigación científica de la genética vegetal, a mi regreso de Japón realicé mi maestría en genética en el Colegio de Posgraduados, y posteriormente mi Doctorado en la Universidad de Calgary, en Alberta, Canadá. Que considero se cumplió y con relativo éxito.

Reconozco que la formación y la educación recibida en mi paso por los salones, los corredores y los campos de Chapingo determinó mi trayectoria profesional, personal y hasta familiar.

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Por eso he dedicado toda mi carrera al servicio público ya sea en organismos internacionales, como en el gobierno mexicano y en instituciones educativas aquí en México y en otros países del mundo.

Siempre he mantenido excelentes relaciones con empresarios e instituciones del sector privado, y aunque reconozco su gran importancia, he preferido colaborar con ellos desde el sector gubernamental o el sector académico.

Quisiera ahora compartir con ustedes una reflexión sobre el futuro de la agricultura y el papel que los profesionales de este ramo debemos desempeñar.

El lema de nuestra alma mater es “enseñar la explotación de la tierra, no la del hombre”; una visión sin duda progresista que hace énfasis en el valor de la agricultura y su capacidad para producir riqueza y bienestar para quienes producen; pero a condición de erradicar la pobreza en los territorios rurales.

Un gran reto para los agrónomos mexicanos es contribuir a la distribución de la enorme desigualdad social en el sector; utilizando las herramientas de la innovación, la ciencia y la tecnología, pero asegurándonos de que estas herramientas sirvan para reducir las enormes brechas, en productividad, en ingreso, o en desarrollo regional y no para ampliarlas. 

Nuestro país es ya una potencia agroexportadora global, gracias al trabajo de los productores mexicanos; pero tener una agricultura competitiva a nivel mundial, no es suficiente; la pobreza rural, además de lastimar a millones de personas es un obstáculo para detonar todo el potencial de nuestro sector.

Hace 60 años, al referirnos en nuestro lema a la explotación de la tierra, pensábamos en la capacidad de multiplicar exponencialmente la productividad, como de hecho se logró, gracias a los avances de la llamada “Revolución Verde”, gestada en los campos del Batán y de Ciudad Obregón, Sonora, bajo el mando del doctor Norman Bourlag.

Creíamos que ello sería suficiente para terminar con el hambre en el mundo, pero no pudimos visualizar en toda su dimensión el costo ambiental que conllevaron muchos de esos avances. 

Hoy debemos estar comprometidos con el desarrollo sustentable de la agricultura; con la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero; con el aumento del secuestro de carbono; con la reducción de la huella hídrica, y con la contención del deterioro de los suelos agrícolas y pecuarios.

Pero también debemos construir y contribuir a la adaptación de la agricultura a los efectos del cambio climático, particularmente a la variabilidad del clima y la multiplicación de los fenómenos climáticos catastróficos.

Tenemos la obligación de anunciar al mundo que, si la agricultura tiene parte del problema, también es clave para su solución.

La seguridad alimentaria de millones de personas seguirá dependiendo de lo que hagamos en favor de un campo más productivo, más incluyente y más sustentable. Los profesores, investigadores y, sobre todo, los estudiantes de Chapingo debemos todos estar comprometidos con ello.


Mi reflexión final es de pleno reconocimiento y agradecimiento a Chapingo mi alma mater, que me dio la oportunidad de estudiar la carrera de agronomía, pero no solo eso, sino que también fue el sendero trazado que me inculcó conocimiento, personalidad y determinación para permitirme llegar a ser lo que ahora soy.

Con gran orgullo y satisfacción profesional agradezco y reconozco la importancia de tener una universidad pública que brinda a personas como yo la gran oportunidad y por qué no, la única oportunidad para formarnos como profesionales de bien en beneficio de la agricultura y de nuestro país.

Asimismo, agradezco a mi esposa Emilia María, a mis cuatro hijas y sus respectivas familias, porque han constituido un pilar profundamente largo y profundo de mi vida. 

Desde el fondo de mi corazón, muchas gracias, muchas gracias a todos ustedes.

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