
* He aquí la crónica de un episodio de sincronicidad.



Queman el olvido.
Sirven para sellar tratados de paz,
en banquetes y cenas aguardan al cierre,
cuando la palabra se vuelve honesta.
​Aromático sube el humo del café,
dibuja espirales sobre el borde de la taza.
Del cigarro, el puro y la pipa se generan
jirones humeantes de ambivalencia.
​Ni antes del brindis, ni después del adiós;
son canales adictivos del pensamiento,
son paréntesis de volátil costumbre.
El humo es mapa del destino.
​Hacen de la soledad refugio.
En noches de media luna alejan el frío;
durante el día son antesala de proyectos.
Humanizan el transcurso del tiempo.












