El doble rostro de la lluvia

* Es cómodo culpar a todos los niveles de gobierno por los estragos que provoca.
CULTURA - Fueron los días de ayer08/08/2026Alex SancipriánAlex Sanciprián

La lluvia no mata las flores, pero sí desborda ríos, destroza caminos, puentes, calles y avenidas.

Tiene el curso imperioso de una gran voz celeste:
la lluvia, verano por recordar, vértigo en movimiento.

Recarga mantos acuíferos, da vigor al crecimiento de árboles y cosechas, llena las presas de vida futura.

Pero también despierta nostalgias y quebrantos íntimos. Y enardece a las conciencias ingenuas que tiran basura a su paso, para luego lamentarse cuando la calle se inunda, cuando su patrimonio es vulnerado, cuando el tráfico se detiene. Colapsa drenajes olvidados, toda obra que no supo respetar su fuerza.

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La lluvia, como el tiempo, no perdona.

En el campo es bendición; en la ciudad, tormento.

Es hermosa mirarla desde el abrigo sin mojarse.

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Es cómodo culpar a todos los niveles de gobierno por los estragos que provoca.

Convocar sus poderes es oficio ancestral del granicero, quehacer mítico ligado a Tláloc, bordando los linderos del realismo mágico.

Mientras tanto, desde la trinchera de las redes sociales se lanzan injurias y lodo con fatua impunidad.

La lluvia no mata las flores, pero pone en circulación a los demonios de esas pantallas: ávidos de repartir culpas, de remover prejuicios, de alzarse como falsos semidioses.

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