Activa Edomex con más de 200 estudiantes la primera Academia de Lengua de Señas Mexicana del país

•  Imparten clases en línea y presenciales con certificación oficial a través de CONOCER.
SOCIEDAD02/07/2025 Redacción VyJ
IMG-20250702-WA0026

Con una matrícula inicial de más de 200 personas, el Gobierno del Estado de México puso en marcha la primera Academia de Lengua de Señas Mexicana (LSM) del país, única en ofrecer enseñanza estructurada y certificación oficial mediante el sistema CONOCER.

Bajo el respaldo del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Estado de México (DIFEM), el curso está dividido en seis niveles —básico, intermedio y avanzados— con contenidos como historia de la LSM, vocabulario, expresiones corporales, emociones y objetos de uso cotidiano.

IMG-20250702-WA0023

Las clases se imparten en línea y de forma presencial en seis sedes del DIF estatal: Toluca, Tejupilco, Tecámac, Chalco, Naucalpan y Huixquilucan, con cuotas accesibles.

“Estamos muy contentos porque el Gobierno del Estado de México, a través del DIF estatal, está iniciando las actividades formalmente de la Academia de Lengua de Señas que es única en su tipo a nivel nacional porque ofrece una certificación a través de CONOCER de la Secretaría de Educación”, informó Jorge Juan Villa Martínez, Director de Centros Estatales de Rehabilitación y Suplente de la Dirección de Atención a la Discapacidad del DIFEM”.

IMG-20250702-WA0025

Villa Martínez subrayó que esta academia no solo garantiza el derecho a la comunicación de la comunidad sorda, sino que también fortalece su integración educativa, laboral y social.

Personas interesadas pueden acudir a la Dirección de los Centros Estatales de Rehabilitación (Andrés Quintana Roo Nte. 1250, Col. Villa Hogar, Toluca), llamar al 722 929 4985 o escribir a [email protected].

Te puede interesar
Lo más visto
IMG-20260408-WA0000

El precio invisible del arte

Héctor Hugo García Sandoval *
CULTURA08/04/2026
++ El neoliberalismo nos enseñó a llamar “mérito” a lo que en realidad es supervivencia. Aplaudimos la resiliencia, pero olvidamos preguntar de qué se alimenta. Y mientras tanto, la vocación se usa como argumento para negar el derecho a vivir del arte.