
El alfombrero y yo
Alex Sanciprián

Era música de locos.
Escuchábamos Bob James y Martha gritaba.
Quiten esa música de locos.
Era finales de los setentas.
Y al día siguiente conocí al alfombrero.
En La Condesa. En uno de esos bares tempraneros.
Luis me lo presentó.
Solo me dijo: tiene dos semanas de andar en la farra.
Y se sacó la lotería.
El alfombrero llegaba con un séquito.
Tres putas, dos padrotes y él.
El alfombrero no sabía que en una semana sería cadáver.
El alfombrero era un hombre sencillo.
El dinero lo transformó, y a su mujer también.
Luis me dijo: el alfombrero se acaba de sacar la lotería.
Se ganó, dicen, me dijo, más de siete millones de pesos.
Ya les puso a sus hijos algo. En el banco.
A su mujer nada.
Y entonces pedían y pedían. Botellas.
Y su mujer queriendo controlar.
Nada.
El alfombrero era la fiesta absoluta.
Así lo conocí.
Al mes y medio Luis me dijo: ha muerto el alfombrero.
“Dicen que llegó a su casa, la señora le dio un té, según para
acortar el seguimiento de ron.
Al día siguiente el alfombrero murió.
Dicen que de congestión alcohólica.
Su señora sigue preparando té para lo que se ofrezca.






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