
"La Vendedora de Frutas" de Olga Costa y el significativo quehacer científico del doctor Raúl Nieto en pro de la pitahaya
Alex Sanciprián


​"La vendedora de frutas" (1951) de Olga Costa es una obra clave del arte mexicano que trasciende la simple representación de un puesto de mercado para convertirse en un símbolo de identidad, riqueza natural y dignidad de la mujer mexicana, en el contexto del "milagro mexicano" de la posguerra.
​La pintura fue un encargo del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) para la exposición inaugural (1951) del Museo de Arte Moderno de México, lo que la sitúa en un momento de búsqueda de una definición moderna y nacional para el arte.
La obra es una celebración de la agrodiversidad y colorido exuberante de México. Simboliza una gran variedad de frutas, muchas de origen mesoamericano.
A diferencia de muchos de sus contemporáneos (incluido su esposo, José Chávez Morado), Costa optó por mostrar un México centrado en la belleza, la vida cotidiana y lo folclórico sin politizar directamente su obra. Muestra la vida sencilla y la hermosura popular, enfocándose en la perspectiva etnográfica más que en el drama trágico o la narrativa épica.
La figura de la vendedora es central y dominante. ​Es una mujer dueña de su espacio, con fuerza, orgullo y dignidad en su trabajo.
​La Representatividad de la Pitahaya en su Mano
​Que la vendedora sostenga una pitahaya en su mano tiene una representatividad particular y simbólica.
Al ser el único fruto que la vendedora saca de la canasta para ofrecer directamente al espectador, enfatiza la raíz prehispánica y la autenticidad de la riqueza natural mexicana.
A menudo se interpreta que el gesto de la vendedora es un ofrecimiento de la esencia misma de México. La pitahaya, con su color rosa intenso y su forma peculiar, ha sido objeto de interpretaciones que van desde connotaciones eróticas hasta la ofrenda de la libertad o la vitalidad del país.
​La pitahaya en su mano funciona como el punto focal de la ofrenda, el símbolo más íntimo y directo de la tierra y la cultura que la vendedora, con orgullo y fuerza, presenta al mundo.
Por otro lado, de un tiempo a esta fecha y con la aportación académica del doctor Raúl Nieto Ángel, reconocido investigador y experto en frutales egresado de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), es conveniente recordar que "la pitahaya tiene su centro de origen en las áreas bajas de México y Centroamérica. Es una fruta que ha sido aprovechada y consumida desde antes de la llegada de los españoles; sin embargo, los asiáticos descubrieron y potencializaron esta especie como un frutal altamente nutritivo y rentable".
Aquí en México el doctor Raúl Nieto es uno de los principales impulsores del cultivo de la pitahaya.
Es sistemática su labor para generar nuevas prácticas de cultivo y manejo del fruto, con conocimiento tradicional y ciencia.
Por eso, puede afirmarse que el doctor Raúl Nieto y Olga Costa son genuinos promotores de la pitahaya.


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