“Se necesita más apoyo de egresados de educación agrícola”, Gregorio Zárate

SOCIEDAD 17 de enero de 2022 Por Alex Sanciprián
"Nadie sabe lo que es el campo, verde, intenso, y suavemente amplio, hasta que lo ama como a una mujer, como a algo cálido, entrañable y humano". El doctor Zárate es egresado de Chapingo y ex alcalde de Santos Reyes Nopala, Oaxaca.
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El suministro de esperanzas es parte sustancial de las políticas públicas ligadas al campo mexicano. El desarrollo rural ofrece viables expectativas de nuevas realidades de bienestar social, pero también presenta el lastre de la espera en cuanto al real efecto de los modos de producción y organización y comercialización de los productos del campo.

De tal manera, resulta aleccionador tomarle el pulso a los planteamientos de genuinos agentes de cambio social que hablan, escriben y trabajan de la mano con los productores agrícolas. 

Aquí se expone el caso del doctor Gregorio Zárate Carmona, quien ha estado involucrado en el desarrollo rural de Oaxaca y también en la dinámica de la educación agrícola.

El doctor Zárate sabe lo que significa el establecimiento de efectivas maneras de gestionar proyectos productivos para impulsar procesos de cambio social, con visión estratégica y sinergia con los varios actores involucrados en ese asunto.

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Está en la tarea de ubicar los esfuerzos alrededor de las cadenas productivas y fortalecer las economías de los territorios locales.

“En México el desarrollo territorial está retomando los principios desde la perspectiva de la participación de los actores locales, entregándoles atribuciones y facultades para que sean los gestores de su propio desarrollo. Este panorama se puede ver de manera más amplia en el espíritu de la nueva ley de desarrollo rural sustentable de SADER que busca descentralizar el desarrollo territorial y ponerlo en manos de los consejos municipales de desarrollo rural”.

Zárate Carmona reflexiona al respecto lo siguiente: “Muchos no entendemos por qué cuando el gobierno habla sobre el campo mexicano nos muestra siempre la hermosa imagen de grandes extensiones de tierra, con surcos verdes, tractores, sistemas de riego, y campesinos cosechando alegremente bajo el sol; y nos habla de cuán bondadoso ha sido con sus apoyos al campo, “que México está saliendo de la miseria”, “que ahora los campesinos ya pueden exportar sus productos al extranjero…”. Sin embargo, si se le pregunta a los estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh) qué es lo primero que piensan cuando escuchan las palabras “campo mexicano”, la mayoría de ellos contestan: pobreza, marginación, hambre, falta de oportunidades, falta de asesoría técnica, desempleo, pequeños productores, migración, alcoholismo, desintegración familiar, etc., y podríamos seguir haciendo una larga lista”.

En ese sentido afirma también que “la realidad es completamente distinta a como se muestra en los “spots” gubernamentales. En las grandes ciudades, la mayoría de los habitantes de la periferia (los alrededores, los llamados “cinturones de miseria”) pertenecen a familias e incluso pueblos enteros que han sido obligados a emigrar en busca del sustento, o bien que han sido expulsados por la fuerza de sus tierras. Por ejemplo, la Ciudad de México y sus alrededores (barrios, colonias, delegaciones y municipios enteros) se han construido a partir de masivas oleadas migratorias provenientes del campo a lo largo de la historia.

“Entonces, ¿por qué habríamos de creer que la futura, pero ya anunciada, “profunda” Reforma al campo traerá beneficios que nunca se han visto en este sector? Después de años de abandono planificado y constante despojo queda claro que lo que al gobierno le importa son las grandes empresas agrícolas y los grandes productores que invierten el capital necesario para incrementar la producción, exportar al extranjero y obtener jugosas ganancias; bajo la lógica del gobierno, los campesinos pobres y los pequeños productores agrícolas representan un obstáculo para el “verdadero progreso del país”. El progreso para los ricos, significa siempre más miseria y explotación para los pobres.

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“La cuestión es: ¿Por qué el gobierno insiste en vendernos la idea de que el campo debe ser “competitivo”? ¿Competitivo para quién? ¿A qué se le llama “competitividad” cuando la gran mayoría de los campesinos pobres ni esforzándose diez veces alcanzarán a producir para exportar? ¿Por qué? ¿Por flojos, porque no son “emprendedores”? Para la producción agrícola no basta con tener la tierra, también hace falta tener insumos (semillas, abonos, etc.) y herramientas (maquinaria, principalmente), ¿y quién tiene el capital para invertir en insumos y herramientas?, por supuesto, la burguesía agraria, los terratenientes y latifundistas, así la gran agricultura capitalista condena a muerte tanto a los campesinos pobres como a los pequeños productores agrícolas.

 “La agricultura hoy en día es vista como un negocio, se produce para el mercado, no para alimentar a un pueblo, sino para vender, ampliar los mercados y obtener más ganancias […] en esta lucha el cultivo que no es rentable simplemente se deja de producir”. 


En dicha temática el doctor Zárate precisa que “los cultivos básicos (maíz, frijol, arroz y trigo) son substituidos por cultivos de alta rentabilidad y de exportación (hortalizas, frutales, plantas de ornato, entre otros). Actualmente, para quienes cuentan con menos de 5 hectáreas de tierras de cultivo, se requiere una gran inversión de capital que sólo se puede obtener endeudándose con algún crédito bancario (con altísimas tasas de interés) que después devienen en enormes deudas. Así que, al campesino no le sirve de mucho la propiedad de la tierra, si no tiene el capital para trabajarla, el resultado es que la mayoría de las veces, se ven obligados a venderla o arrendarla.

 “En este sentido, el gobierno ha dicho que tomará en cuenta a las organizaciones; sin embargo, serán las organizaciones clientelares como la Confederación Nacional Campesina (CNC), Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) Central Campesina Cardenista (CCC), Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinas (CIOAC), y recientemente la Confederacion Nacional del Campo y para el Campo (CONFENACAM) (todos en su papel de organizaciones sociales) quienes más se han beneficiado de las prebendas del Estado y de los liderazgos políticos tanto del PRI, del PAN y de MORENA. El resto de las organizaciones y los campesinos no organizados jamás serán tomados en cuenta”.

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Es ahí donde el especialista interpone la pregunta: “¿Y los estudiantes de las escuelas de educación superior agrícola qué papel juegan en todo esto? Primero, nos debe quedar claro que los estudiantes, en el futuro pasarán a formar parte de la clase trabajadora, ya sea en la ciudad o en el campo. La ilusión promovida por el gobierno y algunos académicos proburgueses, de que “todos pueden formar una empresa si se lo proponen”, es eso, una ilusión, un mal chiste, para que eso suceda existen las mismas posibilidades que para sacarse la lotería.

“El papel que deben de jugar los estudiantes de carreras agronómicas, como la UACh, en el medio rural está íntimamente ligado a su vinculación con el movimiento social, tiene que ver con el potencial de los estudiantes para entender y transformar los problemas sociales que se presentan ante ellos, para que el día de mañana los agrónomos acompañen la lucha del pueblo y no se pongan del lado de los opresores y explotadores. Los estudiantes de agronomía también tienen la difícil tarea de cuestionar la educación impartida en los centros de enseñanza, esa educación burguesa, individualista, elitista, metódica y carente de sentido humanista.

“¿Qué estamos haciendo los profesionales del campo, de agronomía, los investigadores y demás actores vinculados con el sector agropecuario de México?

“Triste la realidad, el 80% de los Agrónomos no ejercen su profesión, muchos prefieren las cómodas oficinas, de los catedráticos e investigadores también es lamentable su situación el 60% tienen un rango de edad de 50-60 años, es decir, está envejeciendo la base intelectual del campo y falta un proceso generacional de renovación de los cuadros de especialistas en los Centros de educación e investigación agrícola, y si a esto le sumamos la nula inversión del Estado a la generación de nuevos investigadores e innovaciones del país, en una década estaremos en el México profundo de contrastes, y la cuarta transformación solo quedará en una triste promesa”.

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