Las trampas del amor romántico

ACTUALIDAD 08 de marzo de 2022 Por Patricia Cervantes
Paty Cervantes se autodefine como reina de la asimetría. Es promotora cultural en el oriente mexiquense. No se pierde conciertos de Patricia Alcaraz, Tania Libertad, Guadalupe Pineda ni Eugenia León. Pisa fuerte. En la foto, Paty Alcaraz.
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En la conmemoración del “Día de la mujer” es común ver mensajes de felicitación llenos de flores, corazones y frases de antología como que las mujeres somos “la más perfecta creación porque somos bellas y tenemos la capacidad de dar vida”. Y sí, celebremos ser mujeres, pero hagámoslo sin banalizar la fecha. Desde mi punto de vista el 8 de marzo es una fecha propicia para reflexionar en colectivo, aunque es tarea insoslayable hacerlo siempre en lo individual, acerca de todos los ámbitos de nuestra existencia; hoy en torno a las relaciones de pareja. 


Para algunas mujeres un tanto lejos por fortuna han quedado los roles de género y la imposición para la vinculación romántica. Cada vez más las mujeres, en estas empresas amatorias, tienen un rol activo; buscan, eligen, abordan, deciden. Saben lo que desean y cómo, y no temen manifestarlo abiertamente. Por siglos, las mujeres estuvieron sentenciadas a que la elección de su pareja (con quién debían cohabitar, quizá tener hijos, verse cada día) lo determinaban otros; familia, estado, sociedad.


    Sin embargo, estos derechos no bastan si la contraparte (y la sociedad) no los entiende como tal sino como prerrogativas que en cualquier momento pueden escatimarse. Si bien el feminismo no se plantea como tarea primordial la de “educar” a los hombres pues es responsabilidad de ellos su propia transformación en aras de crear paradigmas distintos, una mujer feminista (y lo es a partir de que cuestione, filosofe) sí puede “reeducar” a los varones que tiene cerca —hermanos, padres, hijos y pareja (as)—; la transformación empieza con breves pasos, en la vida cotidiana, en el círculo inmediato. La transformación social se hace “arrancando” leyes, discursos, ideologías, normas al estado, a las instituciones, y también por desgracia es lenta (llevamos varios cientos de años). Es tarea compleja, pero necesaria si deseamos tener una mejor vida.


    Y en tratándose de una relación de pareja qué significaría una mejor vida, me pregunto. Simple; sacudirse (ambos) siglos de patriarcado. Las mujeres no somos mercancía, por tanto no somos propiedad de nadie (lo que implica rechazar los celos y la violencia subsecuente); las mujeres tenemos capacidades intelectuales a la par de los hombres, podemos desarrollarlas sin estigmas y sin tener que elegir entre hacerlo o tener una relación de pareja; las mujeres contribuimos con los gastos familiares, las tareas para el cuidado de la misma deben ser compartidos sin roles específicos de género; las mujeres antes que flores, canciones y lloriqueos acompañados de “no lo vuelvo a hacer”, queremos respeto a nuestros sentimientos, a nuestros deseos, a nuestra integridad, a nuestra vida.


    Sencillo, cierto. Solo es necesario querer hacerlo; solo es necesario que ellos no argumenten que sus actos violentos (de cualquier nivel) son porque nos quieren mucho; solo es necesario que nosotras no creamos que los regalos, las palabras dulces y los arrepentimientos después de algún oprobio se enmarcan en el romanticismo; solo es necesario no caer en la trampa del amor romántico (de ese tipo de amor romántico).
    
    

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