Texcoco: festivales y espacios culturales

Entonces ¿las cosas para la música, las artes, los artistas mexiquenses, van a cambiar para mejorar?

CULTURA 22 de octubre de 2023 René Aguilar Díaz
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Viernes. No es cierto que el cuerpo lo sepa… el que en realidad lo sabe es sólo una parte de ese cuerpo: el cerebro. Pero, siendo como es, determinante y definitivo, pide (exige) una chela* entre pecho y espalda.

El encuentro es en algún bar de Texcoco, en esta parte oriental del mundo: Me encuentro con mis amigos, músicos jóvenes y talentosos, del grupo Los ciempiés. Después de semanas, tal vez meses de no vernos, los temas salen a borbotones. Gerardo, el Jerry, ha estado viviendo en Alemania y nos cuenta cosas de por allá; Rafa y Chris recuerdan anécdotas y chistes un poco ácidos.

Rememoramos proyectos que, en su momento, se convirtieron en realidad (en algunos tomé parte, lo que siempre me pone contento); Lary nos platica sobre una próxima actuación de la banda; y la plática deriva, inevitable, hacia los espacios que Texcoco, sus empresarios y sus funcionarios, dedica a la promoción del ocio y la cultural y, por consiguiente, que promuevan el talento musical y artístico de sus jóvenes, y de rebote generen “experiencias estéticas” para la comunidad y apunten hacia una formación de ciudadanía:

Y las expectativas caen sobre la mesa., contundentes, como si fuera una botella de cerveza derramada.

Esas expectativas se extienden rápidamente como mancha de humedad: el gobierno en el Estado ya cambió; se ha terminado con casi cien años de un régimen anquilosado que cual uróboro, se come su propia cola.

Entonces ¿las cosas para la música, las artes, los artistas mexiquenses, van a cambiar para mejorar?

Las miradas convergen en un servidor. Por un instante pienso, como el lenguaraz Fox, “Y yo por qué”. La respuesta es obvia: en esa mesa soy el servidor público inserto en el ámbito cultural: “promotor cultural” que le dicen.

No tengo respuesta inmediata, pero si el deseo de todos: que el cambio inunde con aire fresco al ambiente cultural mexiquense, incluido este “Valle de los Volcanes” como rimbombantemente lo bautizó la administración pasada. Una administración de un talante neoporfirista, como alguien por ahí lo definió: vertical, autoritario, déspota, majadero, y que se caracterizó por dedicar recursos para arreglar los pasillos de las instalaciones. Sus divisas y cánones incuestionables eran “El Diablo está en los detalles” y “Si no me gusta cómo queda esa maceta ubicada en el pasillo, te corro, pierdes tu chamba”. La política de “el terror es la mejor forma de control y para mantener la paz”. Pero de una promoción de  la cultura real y contundente, de formar públicos y de capacitar a artistas y promotores culturales, nada.

La expectativa prevalece: la administración estatal, finalmente emparejada con la municipal y la federal en cuanto al color de la camiseta política, favorecerá a los artistas y al público mexiquense.

La respuesta de los funcionarios culturales, que vendrán a remplazar a los directivos oxidados de la anterior administración se espera como se espera los días de quincena, parafraseando al poeta.

Pero la gente no se está durmiendo en los confortables laureles de una hamaca que naturalmente promete cambios. Los que hacen la cultura en Texcoco siguen haciendo lo suyo. Los músicos y los artistas plásticos y los bailarines y escritores siguen buscando sus espacios y lo seguirán haciendo.

Al tiempo que el Festival Vientos de la Montaña se clausuraba con un grupo venido a menos como La Gusana Ciega (cuando redacto estas líneas me llegan varios comentarios en el sentido de que estuvo muy chafa el show), en otros espacios —por poner dos ejemplos—, como el propio Centro Cultural Mexiquense Bicentenario se llevaba a cabo un concierto con varias bandas de ska, y en otro sitio en Texcoco, más íntimo, un grupo de amantes del cine tenía su sesión de Cine-Club, viendo y platicando sobre una película de Tin Tan.

* Chela es cerveza, en lenguaje coloquial mexicano. Digo, por si acaso nos leen en otra parte del mundo.

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