¿Campaña en su contra? ¡No! son delitos electorales

OPINIÓN - Jordi Salazar 18 de enero de 2022 Por Jordi Salazar
No hay peor cosa que la tolerancia del ciudadano a las corruptelas de actores políticos, aún más, cuando el personaje es parte del gobierno.
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Delfina Gómez Álvarez es un nombre relativamente nuevo en la paleta política nacional. Suena cuando en la elección del 2012 inesperadamente gana la presidencia municipal de Texcoco bajo los colores de Movimiento Ciudadano, imponiéndose a políticos de mayor trayectoria local.

Sin embargo, es bien sabido que, tras su candidatura y posterior triunfo, siempre ha estado un personaje de bastantes tablas, quien llevó de la mano a Gómez Álvarez a la vida política, sacándola de la rutina magisterial: Higinio Martínez Miranda.

Pocos fuera de Texcoco saben que es en este municipio donde se gesta la creación del movimiento que llevaría a López Obrador a ser presidente, es decir, Texcoco es la cuna de MORENA. Aquí es donde comienzan a coordinarse los operadores políticos nacionales y a recabar recursos para darle fuerza a la causa, aprovechando además que se tienen a la mano los recursos públicos del erario.

No hay necesidad de relatar todo lo acontecido derivado de la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, donde sancionan a MORENA con una multa por más de cuatro millones de pesos, cantidad que como siempre, será pagada con nuestros impuestos, no saldrá de la bolsa de ningún miembro del partido.

Este caso es perfecto para ejemplificar el perfil que AMLO busca en sus sirvientes, 90% de lealtad y 10 % de "honestidad", lo que sea que eso signifique. Delfina Gómez cumple a cabalidad con estos criterios.

Muchos dirán que el cargo que hoy ostenta se lo ha ganado, y tienen razón. Gómez Álvarez ha sido siempre un peón bastante útil, obedeciendo a ojos cerrados al cacique y ahora al caudillo, quienes no buscan volverse ricos, su meta es tener poder.

Muchos son los testimonios de personas que trabajaron en la administración de la maestra, que narran como eran obligados a entregar el 10% de su sueldo para el grupo político de Martínez Miranda, el famoso Grupo de Acción Política (GAP), aportación que de voluntaria solo va el nombre, pues si no se era “voluntarioso” simplemente les decían adiós.

Esta práctica es un sello de la casa, López Obrador hacía lo mismo con los trabajadores del entonces Gobierno de Distrito Federal, cuando él lo encabezaba, posteriormente, la treta fue aplicada a los diputados del PRD, entre otras cosas, para pagar el austero sueldo de $50 mil pesos del “presidente legítimo”. Así pues, la maestra trae escuela.

Y es claro que Delfina Gómez no se quedó con los recursos que fueron arrebatados a los trabajadores, así como Bejarano tampoco se quedó con las ligas, Pío con los sobres manila, Alejandro Esquer con los billetes de la operación carrusel o Eva Cadena con el medio millón de pesos entregados también en un sobre amarillo.

Esto es un modus operandi que recolecta recursos para la compra de votos y consciencias, un operativo que ha tenido siempre beneficiarios visibles, pero que nos negamos a reconocer.

No es sorpresa que Martínez Miranda y López Obrador salgan a desgañitarse con el cuento de que se ha orquestado una campaña en contra de Delfina Gómez. Lo que parece inverosímil es que muchos ciudadanos justifiquen y toleren estos delitos, incluso arropen a una mujer involucrada directamente en actos de corrupción.

Delfina Gómez no solo es incompetente para la Secretaría de Educación Pública, además, es insostenible que se mantenga en el cargo, es intolerable que una persona acusada de corrupción y sentenciada por un tribunal, aún de forma indirecta, sea quien maneje los programas educativos del país.

No es una campaña de ataque o desprestigio, no son unos porros o señoras tomando café en el Sanborns quienes sentenciaron estos hechos, son delitos probados por un órgano del Estado Mexicano, y así nosotros como ciudadanos debemos darle la seriedad al tema.

¿En qué momento vamos a exigir la renuncia de la flamante secretaria? ¿cuándo vamos a cuestionar el destino de los recursos públicos? ¿cuándo vamos tomar en serio nuestro papel de exigencia al gobierno a que entregue obra pública, servicios de calidad y seguridad para nuestras familias?

No hay ninguna campaña en contra de la maestra, hay un letargo en sectores amplios de la sociedad que permiten la existencia de ella y demás personajes que socavan el estado de derecho, viviendo impunes entre nosotros y cínicamente dicen "primero los pobres".

** Jordi Salazar es apasionado por las letras, las ideas y las imágenes, doctorado en estos temas y amante férvido del Jim Beam. Ha participado en distintos foros de discusión sobre temas políticos y sociales, además de colaborar en diversos eventos culturales de gran relevancia.

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