¿Son los trabajadores de Chapingo quienes quieren más huelga?

Jordi Salazar 04 de julio de 2020 Por Jordi Salazar
106114431_1202007496823781_5558209931189006912_n

Como es bien sabido, la huelga en la Universidad Autónoma Chapingo cumple 120 días de haber estallado, existen acusaciones de ambos lados acerca de no tener voluntad para terminar el conflicto, pero ¿en realidad quién está trabando este movimiento?

Aunque pareciera que los objetivos son conocidos por la opinión pública, no es así. Es bastante gente la que piensa que esta huelga persigue $12,500 pesos, y es gracias al desconocimiento y prejuicio que la opinión pública se decanta por señalar a los trabajadores como ambiciosos, flojos (por decir lo menos) y berrinchudos.

Por otro lado, está la Administración Central responsable de negociar todo el pliego petitorio que el Sindicato presenta; aquí el público, en su mayoría, da muestras de apoyo, de solidaridad en contra de un sindicato mafioso que solo busca acabar con los recursos de la Universidad.

Lo cierto es que ambos bandos han abonado a que después de 120 días solo haya visos de que continúe el conflicto.

Sin embargo, las autoridades universitarias deberían ser las más apuradas por resolver esto y claramente han propiciado que la huelga no se levante, en realidad es a la Institución a quien más le conviene que los Trabajadores sigan con el cierre de la Casa de Estudios.

Y aunque la Directora de Administración ha tenido que pagar en distintos medios notas que hablen de la supuesta bondad que han tenido con sus ofrecimientos supuestamente pensados en beneficio de los trabajadores (en realidad el ofrecimiento institucional ha sido el mismo desde el estallamiento de la huelga), lo cierto es que con la pandemia que azota al país y al mundo, las instalaciones universitarias requieren de una serie de modificaciones a fondo.

Hay que recordar que el modelo educativo que está construido en Chapingo se basa en un sistema de becas que recibe el 90% de sus estudiantes, además de que cuenta con un internado donde se alojan alumnos de toda la república, además de su propia unidad médica, comedores y bibliotecas en cada uno de sus Departamentos.

106451185_1206315843059613_5987647774282548456_n

Es ahí donde radica uno de los principales problemas para la Administración, tienen que adecuar todas sus áreas y espacios para aplicar las medidas sanitarias pertinentes y evitar un brote de COVID-19 en la Universidad.

Para empezar, en su internado alojan por cada cuarto entre 3 y 4 alumnos, situación que no podrá ser con las medidas sanitarias; evidentemente no van a construir un nuevo conjunto de dormitorios que aumente la capacidad de alojamiento, por tanto, hay dos opciones: o reducen el número de becados internos o habrá que rentar cuartos en las inmediaciones del Campus, situación que los orilla a hacer una erogación de recursos bastante fuerte.

Otro de los problemas se presenta en los comedores. Dado que es un lineamiento emitido por las autoridades sanitarias, no puede estar un comedor mas allá del 40% de su capacidad, es así como se deberá adecuar el espacio, rentando carpas y sillas para dar el servicio afuera del comedor, o se tendrá que pagar comidas en el exterior de este, lo que también representa un gasto bastante importante.

82092006_1208441199513744_5945158862766607333_n

Y no se detiene el gasto en estos puntos, su Unidad Médica también tendrá que estar preparada para atender enfermos potenciales de coronavirus, sumado a los usuarios habituales. Los espacios de estas instalaciones tendrán que ser las de mayor cuidado e inversión por obvias razones.

Otro de los retos será la impartición de clases, sabemos que se tendrán que escalonar las clases presenciales y que la implementación de clases en línea deberá ser prioritaria. El problema de este reto es la renuencia de muchos académicos a las nuevas tecnologías, problema que no es nuevo ya que desde hace varios años se ha hecho el llamado a diferentes administraciones a poner en marcha las carreras en línea, cosa que hasta hoy ha visto un rechazo abrumador por parte de la comunidad académica.

En síntesis, es cierto que la Administración Central está preocupada por el presupuesto universitario, pero no es por el movimiento de huelga que prevalece, es por el fuerte gasto que se le avecina, y como diría el clásico: esta huelga les cayó como anillo al dedo.

Culpando a los trabajadores de continuar con la parálisis de las actividades universitarias, frenan un poco más la espiral de acciones que deben tomar, es decir, retardan en lo posible meter la mano al fuego.

Desde luego que existen otros intereses oscuros y mezquinos en el movimiento laboral, un posible plebiscito al Rector es uno, la posible renuncia del Secretario General del STUACh es otro. Sin embargo, es deplorable ver que los responsables de poner fin a este cierre inviertan sus recursos en acusar y alargar la huelga, con el fin de pasar a la historia como los que pusieron en su lugar al Sindicato y no como aquellos que lograron contener la pandemia con acciones estratégicas y decisiones inteligentes.

Te puede interesar