Un camino largo y sinuoso (pero correcto)

ACTUALIDAD 08 de marzo de 2022 Por Karina Flores Hernández *
Karina Flores comparte más ideas en programas de www.dunasradio.org Es una mujer que sabe de la naturaleza humana. Le encanta caminar en la playa.
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Recuerdo, cuando era niña, mirar a mi bisabuela moliendo maíz, en un aparato rústico, y preocupada porque la masa para hacer las tortillas saliera bien. Recuerdos un poco vagos ―tenía tan sólo cuatro años― de un mundo un tanto ¿diferente? al de hoy; pero recuerdo claramente la preocupación de la abuela de mi madre por tener a tiempo la comida para cuando llegarán los poquitos hombres que había alrededor, en un hogar lleno de mujeres. El mundo giraba en torno a los hombres y eso era lo que estaba aprendiendo mi generación.

La interrogación obedece a que está latente la duda de si en realidad las cosas han cambiado en las últimas décadas.

Si bien en algunos sectores de la población las mujeres hoy son madres, esposas, estudiantes, trabajadoras, a veces todo al mismo tiempo, los datos duros suelen ponernos los pies en la tierra.

La desigualdad de género persiste en las industrias culturales y creativas: según un informe de la UNESCO, existe una gran brecha, lo que causa una preocupacion acuciante, incluyendo las plataformas digitales, tutoriales en linea. El gran impacto negativo de la pandemia de la Covid-19, mostró un gran aumento de la violencia de género, ausencia de niñas en clases en linea y la limitacion de las mujeres profesionales para acceder a las ayudas sociales y económicas.
 
La mayor parte de las personas que viven en la pobreza son mujeres, tan sólo ocupan el 24 por ciento de los escaños parlamentarios a nivel mundial y en el ambito municipal tan sólo el cinco por ciento, en la media el salario de las mujeres es 24 por ciento inferior al de los hombres; casi dos terceras partes de los 781 millones de personas adultas analfabetas son mujeres, 153 paises tienen leyes que discriminan económicamente a las mujeres; en 18 de estos paises los maridos pueden impedir legalmente que las esposas trabajen. En todo el mundo una de cada tres mujeres sufre o sufrirá violencias machistas en algún momento de su vida.

Como se ve, predomina un desajuste, un desequilibrio en cuanto a las condiciones entre mujeres y hombres. Existe un patriarcado opresivo, idea que a algunos les parece exagerado, pero si lo pensamos fríamente es casi un atavismo. El machismo es todavía una serie de costumbres que ha sido difícil de combatir y cambiar. Pero la cuestión no es tan sencilla: tiene tantas aristas que se hace un asunto muy complejo; sin embargo, hay una idea simple: la lucha de las mujeres por reivindicar sus derechos, su fuerza y su importancia insoslayable en la sociedad.

Esa lucha que actualmente libran algunas mujeres por una equidad de género causa escozor en no pocos sectores sociales. 

Existe una eterna lucha por empoderar a la mujer, y no es cosa de dilucidar si la mujer es blanda y entonces ¿el hombre es duro..? No se trata de estar por encima de nadie, es conseguir ese poder que todas las personas tienen (o deberían tener), por el hecho de ser personas, esta lucha busca eliminar “pequeñas” (en el mejor de los casos) desigualdades cotidianas: “mujer tenias que ser”, “seguro la que va manejando es una vieja”, “lloras como niña”, etcétera. Es un hecho cotidiano (“normal”) el que la mujer sirva el café en una reunión; las tutorías de los hijos, en una abrumadora mayoría las atiende la mamá, a pesar de estar en una pareja donde ambos trabajan. Existe aún una brecha que nos hace mirar que la desigualdad es una realidad más que patente.

Empoderamiento significa aprender a decidir libremente y sentir de manera individual y colectiva. Las mujeres tenemos que estar porque sabemos, porque somos capaces y eso no significa estar delante o encima de nadie; ocupar el lugar que nos corresponde sin ningún complejo de inferioridad. Existen diferencias que son claras y no se pretende cambiarlas se trata de que exista una equidad. Somos distintas, pero podemos tener las mismas oportunidades, reencontrarnos con lo femenino, entender esa diferencia con lo masculino.

Pasará tiempo, seguramente, antes de que un número mayor, significativo, de mujeres se den cuenta de que hay que dejar atrás a esa personalidad sumisa que no defiende sus derechos y necesidades, tan complacientes para “evitar malos entendidos”, que no da su opinión para no generar conflicto; sacrificarse, no ser ella misma, pero… creo que estamos en el camino correcto. Largo y sinuoso, pero correcto.

Hoy es un buen día para llegar al punto en el que ser mujer no signifique estar en desventaja, dejar de disfrutar de ser una misma sino, al contrario, disfrutar la maravilla de serlo, eliminar patrones como el que reza “el amor es parte del sufrimiento”: el amor no se lleva en la parte del dolor, no ama quien más sufre; eso solamente ha llevado al creciemiento de la violencia de género. Debemos entender que no sólo las mujeres somos vulnerables.

Podemos mostrar que se puede armonizar lo laboral, lo emocional, lo productivo en una mismo paquete; paquete que no se puede llenar solo a medias. No somos una hoja de papel escrita con lapiz que podemos borrar y reescribir, se trata de trasformar, de hacerse cargo de nuestra vida, ser independientes, autónomas, procurar nuestro bienestar y el de los demás; llegar a ese empoderamiento colectivo, ayudarnos y crecer entre todas y todos: identificar los problemas y construir las soluciones.

Hay mucho que aprender aún. El camino seguramente será largo pero seguimos avanzando y de nosotros como sociedad depende que ese camino tenga menos obstaculos.

* Licenciada en Psicología y
maestra en Psicoterapia

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