“Pégame, pero no me dejes”

CULTURA - Fueron los días de ayer 18 de abril de 2022 Por Karina Flores*
49B99633-4A9B-4AF2-B17B-C4075F65FF9F

¿Cuántas veces nos detenemos a pensar en el amor, en lo que ha significado el amor a lo largo de nuestra vida? Desde el momento en que nacemos existe el amor de nuestra madre y, conforme va pasando el tiempo, vamos recorriendo un largo camino a veces dulce, a veces amargo, pero siempre buscando el amor.


Pero … ¿Qué es el amor?


Según Platón, el filósofo griego, nos dice que el amor es una locura divina, es una comunión con la divinidad, tiene que ver con el deseo de buscar el conocimiento, la felicidad y contemplar la verdad que hay en el otro.

 Aquí es donde surge el llamado amor platónico, el amor más verdadero y bello, porque amamos sin pedir nada a cambio, aun cuando sepamos que ese amor no será recíproco.


Sigmund Freud, el padre de la Psicología, decía que el amor es la mitad de la vida de una persona; el amor de pareja es el que además de proyectarnos compartiendo la vida junto a una persona facilita o enmarca otro de los objetivos esenciales que es la perpetuación de la especie, es decir los hijos.


Por otro lado, Erich Fromm, el destacado psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista de origen judío-alemán, dice que el amor es un acto de voluntad, es la decisión de amar, cuidar, responsabilizarse, respetar y conocer a una persona; es un sentimiento que no es fácil para nadie: implica fundir la carne y el corazón, ser dos sin renunciar a nuestra identidad.


Pero ¿qué sucede cuando queremos que la otra persona asuma la responsabilidad en determinadas situaciones de nuestra vida? Cuando estamos convencidos de que si nos separamos de la otra persona no vamos a poder sobrevivir, cuando no podemos tomar decisiones por nosotros mismos, cuando no expresamos nuestro desacuerdo con alguien por temor a que se aleje, cuando nos anulamos por no dejar de ser parte de esa persona.


Cuántas situaciones, cuántas frases hemos visto y escuchado que suceden “por amor”: “si me deja, me muero o me mato”, “no puedo vivir sin él”, “haré todo por estar a su lado”, “en todo momento necesito saber en donde está”. Muestras de amor exageradas. 


Entonces estamos cambiando el sentido del amor; se vuelve una dependencia: “sin él no puedo ser alguien”. Idealizamos las cualidades de la pareja y las nuestras no existen o son muy pocas; caemos en el autoengaño y la negación.


Esto nos lleva a ceder, tolerar y justificar a la pareja aun teniendo un comportamiento desagradable o incluso violento: desde la búsqueda desesperada para salir de la actual relación buscando una nueva, hasta continuar con una relación basada en la idea de que la pareja es superior, abandonar las actividades sociales o incluso las responsabilidades para ocupar el tiempo en complacer al otro.


Pero ¿qué hacer cuando nos damos cuenta que somos dependientes o estamos viviendo una relación de dependencia? El primer paso es reconocer y aceptar quiénes somos, nuestros rasgos de personalidad, hacernos consientes que nuestra relación no es sana, reconocer que lo que estamos haciendo influye en nuestro bienestar, que hemos dejado de lado relaciones o amistades importantes, que hemos cambiado nuestras actividades en función de la otra persona.


Reflexionemos. Trabajemos en decir NO. Ser asertivo siempre será algo que nos hará sentir muy bien. Trabajemos y reforcemos nuestra autoestima, no nos olvidemos de nosotros mismos: muchas veces estamos tan ocupados en complacer a la otra persona que nos olvidamos de nosotros mismos.


Tener expectativas muy altas o irreales de la otra persona puede hacer que al final no se logren colmar, así que hay que ser realistas y mirar al otro como es y no aferrarnos a algo que es imaginario.


Por último, lo aconsejable es buscar apoyo de alguien profesional para que nos ayude a ver quiénes somos y vislumbrar y darnos cuenta qué fue lo que nos llevó a relacionarnos con esa persona, sobre todo a recuperar esa necesaria independencia y ser personas que no necesitemos de alguien más para que reafirme nuestro valor.


* Psicóloga y psicoterapeuta

Te puede interesar