¡Queridos camaradas! Una lección de historia

CULTURA 26 de mayo de 2022 Por René Aguilar Díaz
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 Hoy se proyecta la película ¡Queridos Camaradas!, en la Universidad Autónoma Chapingo en el marco de la 71 Muestra Internacional de Cine. Dos funciones: 17:30 y 20:00 horas.

El ingreso, por razones sanitarias, es restringido así que es necesario que los cinéfilos de fuera de la Universidad llamen al Departamento de Programación Artística y hagan la gestión correspondiente.

  En 1962, la Unión Soviética, en plena Guerra Fría, enfrentaba una severa crisis económica y alimentaria de ese periodo posterior al régimen de Stalin.

Las políticas de Nikita Jrushchov, su sucesor, calificadas por algunos de erráticas, ocasionaron que los dirigentes políticos decretasen bajar los salarios. Eso, sumado a la inflación galopante, originó la natural irritación social, y luego la protesta iracunda de los trabajadores.

 El uno de junio de ese año, en una fábrica de la ciudad de Novocherkassk, al sur de lo que hoy es Rusia, los trabajadores hacen estallar una huelga. La situación se sale del control de los administradores de la fábrica y de los integrantes del buró político del Partido comunista local. El resultado: se gesta una manifestación multitudinaria para el siguiente día, el 2 de junio, que se dirige a la sede del comité regional del partido. La manifestación es reprimida ferozmente con el trágico saldo de varios muertos, heridos y “desaparecidos”.

 En ese contexto —hechos que en realidad sucedieron pero que el gobierno se encargó de silenciar—, la película de ¡Queridos Camaradas! De Andrei Konchalovsky, cuenta la historia de Lyudmila, convencida comunista, miembro del Partido, que invoca los tiempos idos: en una conversación le dice a su padre “Estas cosas no pasarían si viviera Stalin”, y opina frente a los jerarcas del Comité regional que ante la gravedad de los hechos que se han presentado en la ciudad, que “se deben arrestar a los instigadores, que son unos criminales”.

 Lyudmila tiene un “conflicto generacional” con su hija Svetka, una estudiante que se inclina más bien por el régimen actual. Madre e hija tienen un desencuentro y la estudiante se sale de casa; no regresa en toda la noche y se alista para apoyar la manifestación de los trabajadores inconformes.

 Como suele suceder y por aquello que llaman “razones de Estado”, alguien en algún nivel de la Nomenklatura, decide reprimir la manifestación. Varios trabajadores asaltan la sede del Partido y hacen destrozos, Lyudmila y los demás tienen que abandonar el edificio, pero ella se da cuenta que subrepticiamente han ingresado francotiradores, presuntamente de la KGB, la agencia de seguridad Soviétiva, que ejercía un control total, férreo y salvaje. En esa noche y el día siguiente la vida de Lyudmila da un giro de 360 grados, pues se desespera de no poder encontrar a su hija que está en calidad de desaparecida. Un agente de la KGB no obstante que irrumpe como controlador termina ayudando a Lyudmila a buscar a su hija.

La película en blanco y negro, consigue esa aire de nostalgia pero también es convincente. La cinta hace, queriendo o sin querer homenaje a las películas de Eisenstein, con encuadres y trazos de los extras que participan en la manifestación. También, si se lee entre líneas, se verá implícita una denuncia de los que pasó en esa ocasión: un hecho que fue silenciado por todos los niveles de gobierno hasta que a finales de los años ochenta se destapó la información y se escribieron artículos y se hicieron documentales sobre lo terrible del ese acontecimiento. Finalmente, se culpó al Ejército de haber masacrado a la población, cuando, se documentó después, fue presumiblemente la KGB la que opero la matanza.

 Solamente seis años después, un 2 de octubre, guardando las diferencias y las circunstancias, algo similar pasó en la Plaza de las Tres Culturas, en un País llamado México, con el tristemente célebre Batallón Olimpia. La Historia tiene sus meandros que se traslapan y convierten a veces en vasos comunicantes. 

 El filme de Andrei Konchalovsky pone sobre la mesa las contradicciones ideológicas y morales y éticas de la gente en todos los tiempos. Una excelente clase de historia. Ampliamente recomendable

  

¡Queridos camaradas! (Dorogie tovarishchi!), película rusa de Andrei Konchalovsky;  guion de Elena Kiseleva, Andrei Konchalovsky. Fotografía: Andrey Naidenov (B/N), con Yuliya Vysotskaya, Vladislav Komarov, Alexander Maskelyne, Andrei Gusev, Yulia Burova, Sergei Erlish. Production Center of Andrei Konchalovsky, 2020.

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