Cuando pasan las cigüeñas

CULTURA 25 de junio de 2022 Por René Aguilar Díaz
Un clásico de la cinematografía, para regocijo de los cinéfilos: este fin de semana, en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario, podrán ver el filme del director soviético Mikhail Kalatozov.
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Veronika y Boris destilan miel. Son novios. Enamorados hasta el tuétano; por supuesto caminan entre las nubes del apapacho y la cursilería.


Como a todos los enamorados, al par de tórtolos todas las cosas les llaman la atención, hasta las cigüeñas que vuelan, en formación de V, por el cielo primaveral de Moscú… gastan el tiempo en vaya usted a saber qué… de forma que después de un tórrido y meloso sábado suelen llegar a sus respectivas casas poquito antes de que cante el gallo… ya en domingo.


Boris, como buen machín, no tiene problema, Veronika en cambio tiene que ser más cautelosa: para llegar a su recamara tiene que cruzar por la alcoba de sus padres: lo hace de puntillas pensando que sus progenitores duermen, pero apenas cierra la puerta la madre abre los ojos y susurra al odio del padre “él le ha trastornado la cabeza”. Su marido le contesta, amodorrado, “El amor, querida mía, significa un trastorno mutuo de cabezas”.


Ese es el eje de la película de Mikhail Kalatozov, director soviético de origen georgiano: el amor. Y claro, también la guerra, y cómo esta tiene efectos devastadores en la gente común. La relación amorosa de la pareja se ve desmoronada por el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Boris se enrola en el ejército.


El filme causó una profunda impresión en muchos ámbitos pues se apartaba del “realismo socialista”, del cine oficialista soviético que contaba y cantaba las grandezas y la heroicidad del pueblo: el guionista y el director se permiten introducir sutiles bromas y burlas sobre el Partido y la productividad y esas cosas tan caras a los socialistas y comunistas de aquella época. La película era una bocanada de aire fresco en el cine soviético (y mundial); cuenta una historia sencilla pero profundamente realista, precisamente en como afectó la guerra a la gente. Paradójicamente en ese tiempo Rusia luchaba hombro con hombro junto a Ucrania, enfrentando a los nazis. Muchos años después, con la cambiante, y a veces ominosa geopolítica, la guerra está de vuelta haciendo sufrir a gente inocente. 


En 1958, un año después de su estreno, Cuando pasan las cigüeñas ganó la prestigiosa Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, y todo mundo volteó a verla.


Con aires de reminiscencia expresionista, con el uso notorio del close up y el trabajo actoral sobresaliente, la cinta se mezcla con otro manejo más “moderno” de la cámara: picadas y contrapicadas, montajes dramáticos de imágenes vibrantes e inquietantes. Una secuencia llama notoriamente la atención y es cuando Verónika (“Ardilla” como la apoda de cariño su novio) se dirige a despedirse de Boris en el punto de reclutamiento y se baja del bus y corre por entre los tanques que están partiendo al frente; la cámara también “baja” del bus al mismo tiempo y circula por entre las cabezas de la muchedumbre para seguir en su ansiosa carrera a Verónika; ellos no podrán despedirse y será como signo fatalista de lo que le depara el destino.


Los cinéfilos no se la pueden perder en pantalla grande. La proyección es este sábado 25 de junio a las 16:00 horas, en el auditorio Miguel León Portilla en el CCMB

Cuando pasan las cigüeñas (Letyat zhuravli), película soviética de Mikhail Kalatozov con guion de Viktor Rozov sobre su obra de teatro del mismo nombre. Reparto: Tatyana Samojlova, Aleksey Batalov, Vasiliy Merkurev, Aleksandr Shvorin, Svetlana Kharitonova, Konstantin Nikitin, Valentin Zubkov, Antonina Bogdanova, Boris Kokovkin. Mosfilm 1957. Duración: 94 min.

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