
En Texcoco el valor de lo superfluo
Alex Sanciprián


En el boato de la alabanza extrema siempre hay un espacio de soledad que aminora los estragos de la grandeza hechiza y permite ponderar lo nefasto de los recuerdos.
Persistir en la narrativa de la fiesta, el regalo, el viaje comunitario y patrocinar fragmentos de bienestar es una estrategia política que busca generar lealtad y gratitud en la colectividad beneficiada.
Esta dinámica apunta a construir una base de apoyo político sólida y duradera, basándose en la percepción de un beneficio directo y tangible.
Al recibir beneficios concretos (fiestas, regalos, viajes), los individuos y las comunidades suelen desarrollar un sentimiento de gratitud hacia quien los otorga. Esto puede transformarse en una deuda moral no explícita, que se espera sea "pagada" en momentos cruciales. Es la obligación de corresponder.
Habrá que recordar que dichos eventos y regalos fomentan un sentido de comunidad temporal o artificial y entonces la gente asocia los momentos positivos y de bienestar con la imagen del benefactor.
La recepción de bienes y servicios (o experiencias placenteras) también puede desincentivar la participación ciudadana crítica o la exigencia de tareas públicas más estructurales.
Si las necesidades básicas o de ocio son "cubiertas" de esta manera, la colectividad podría sentirse menos inclinada a cuestionar fallas en la gobernanza. En cambio, la percepción de cercanía se acrecenta.
Aunque se puede generar bienestar a corto plazo, también es posible una erosión de la participación ciudadana crítica.
Nunca se sabe lo que es suficiente hasta reconocer el valor de lo superfluo.



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“¡Qué lindo soy, me merezco todo!”, (no, no es lindo vivir con un narcisista)





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