
El hombre que casi fue presidente


Es imposible no comenzar el día hablando de la partida de un personaje que dejó una huella indeleble en la vida política de México.
Falleció Cuauhtémoc Lázaro Cárdenas Solórzano, hijo del célebre presidente Lázaro Cárdenas del Río. Curiosamente, nació el Día del Trabajo, en plena campaña electoral de su padre (ironías de la vida, pues más adelante viviría inmerso en ellas). Ingeniero civil egresado de la máxima casa de estudios del país, estuvo casado con Celeste Batel, con quien tuvo tres hijos: Cuauhtémoc, Lázaro y Camila. Él murió este 28 de octubre, justo el día de aquel a quien se le atribuye ser el santo de las causas difíciles.
Hoy se perpetúa el personaje: el hombre de izquierda que, desde su juventud y a pesar de sus muchos privilegios, siempre buscó combatir los rezagos sociales del país. Es innegable la influencia del pensamiento social y de izquierda de su padre, quizá la mejor herencia que este pudo dejarle.
Militante del partido hegemónico, pues eso también estaba en su linaje familiar, hasta que el partido comenzó a dividirse y el país sufrió una decadencia económica no vista desde hacía muchas décadas. Su convicción democrática lo impulsó a desafiar el dedo del supremo designante. Acompañado de otros personajes que escoltaban sus ideales, construyó un frente que hizo temblar el sistema, ese que se cayó durante la noche del 6 de julio de 1988, según palabras del siniestro secretario de Gobernación, en su papel de presidente de la Comisión Federal Electoral.
A partir de ese momento histórico, Cuauhtémoc Cárdenas encabezó el mayor movimiento opositor, que derivó en la creación del PRD. Dos veces más sería candidato a la Presidencia de la República. Su aspiración fue frustrada por un asesinato en 1994 y, posteriormente, fue superado por el ímpetu de un ranchero y sus amigos en el año 2000, el año de la transición.
El mismo Vicente Fox reconoce los ideales democráticos del Ingeniero Cárdenas, es innegable que su lucha contra la pobreza y la búsqueda de la justicia social fueron siempre frontales.
Si algo pudiera reprochársele a Cárdenas Solórzano, sería precisamente eso: no haber impulsado otras candidaturas y haberse presentado reiteradamente a las contiendas electorales. Aunque quizá ese fuera también uno de los males de la izquierda de aquellos años, pues en casi tres décadas solo hubo dos candidatos, eso sí, con distintas ideas de lo que significa la democracia.
Se puede o no estar de acuerdo con la forma en que Cárdenas anhelaba acceder al poder. Sin lugar a duda se respetan los principios democráticos que defendió y que ha legado para las generaciones futuras.
Hace tiempo que Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió en el referente de la izquierda mexicana y, sin duda, ha hecho historia sin forzar su entrada en ella.




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