En Edomex crecen hortalizas mejoradas; antídoto agroecológico contra la pandemia

ACTUALIDAD 24 de enero de 2021 Por Hugo Pacheco/ fotos: Mayra Pimentel
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En pleno invierno la vida sigue. Las necesidades primarias deben cubrirse. Los propósitos de Año Nuevo también. El esfuerzo colectivo da frutos a pesar de las mañanas heladas.


La producción agroecológica y biointensiva de hortalizas no se detiene en la Empresa “Agrícola San Diego”, ubicada en el Estado de México. 


A pesar de las adversas circunstancias que ha desencadenado la pandemia de todos tan temida y a una altura de 2 mil 250 metros sobre el nivel del mar y contra todo pronóstico, crecen calabazas, chiles, alcachofas, coles, cilantro, diversidad de espinacas y jitomates por igual.

  
El director ejecutivo de este proyecto, quien de la mano de su familia ha logrado edificar este oasis de hortalizas, es Milton Pérez Lizcano, Ingeniero Agrónomo Especialista en Fitotecnia.


En el medio de las dificultades sanitarias que ha desencadenado la pandemia fue posible un encuentro de Milton Pérez con el doctor Raul Nieto Angel, quien fue su profesor durante sus años universitarios en la Universidad Autónoma Chapingo.

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Ambos especialistas en mejorar la producción de frutas, legumbres y verduras han coincidido en que el establecimiento de huertos de esta naturaleza son respuestas para enfrentar la pandemia, desde lo alimentario hasta lo económico. 


Pérez Lizcano explica su modelo, resultado de años de academia pero también de trabajo a la tierra:
“Para lograr este sistema agroecológico diversificado es preciso que las plantas estén en armonía. Cuando esto ocurre, se ven sanas, bien nutridas y sin estrés. Entender que cada especie y variedad tienen un manejo agronómico particular. No es lo mismo una coliflor que un cilantro o una cebolla. 


“Otro punto es la nutrición, tanto vía radicular como vía foliar. La instalación de los macrotúneles, el sistema de riego, el sistema de tutoreo. La administración también es importante; si no la tomas en cuenta desde el inicio corres un gran riesgo, si no quieres conocer el caos tómala siempre en cuenta”, expresa el fitotecnista, quien agrega que su esposa es la encargada de dicha área en su empresa, y que sus hijos pequeños se ocupan de germinar las nuevas semillas. 

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“Si no existe un flujo dinámico de ideas, de variedades, de cuidados desde arriba, corremos el riesgo de volver a caer al monocultivo”, comenta, recordando que hubo un tiempo en que se dedicó puramente al jitomate y aprendió de aquella experiencia.


“Durante los tres meses sin cosechar en el modelo de monocultivo, me pegaba durísimo en la economía. No tenía para pagarles a mis trabajadores. Aprendí que si no siembro no cosecho. Pero ahora, con la diversidad de hortalizas, estoy produciendo todo el año”.


El doctor Nieto Angel comenta, en su oportunidad, que en este modelo logra percibir elementos determinantes para hacerle frente a la pandemia.


“La diversificación de hortalizas funcionan para una alimentación más natural. Tienen la capacidad de producir todo el año. Generan empleo, no sólo familiar sino de seis trabajadores más y ayudan a caminar con paso seguro hacia la autosuficiencia alimentaria.

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“Este proyecto de producción debe replicarse en todo el territorio mexicano”, puntualiza. 


Pérez Lizcano comenta que los túneles están pensados y diseñados “más que para las heladas, para las granizadas. Sin embargo, ya han caído varias heladas y las plantas han resistido. Evidentemente, su rendimiento reduce alrededor de un cincuenta por ciento,  pero cuando cosechamos calabazas en un túnel de 60 metros de largo por 7 de ancho produce entre 10 y 11 botes de calabaza en Primavera-Verano, y en invierno sólo cinco botes. En primavera su precio por bote es de 50 pesos y en invierno es de 150 pesos, entonces, económicamente, no hay pérdidas”.


Antes de la llegada de los españoles, los sistemas de cultivo estaban basados en "la milpa", equivalente a la producción agroecológica (diversas especies en un mismo espacio y tiempo, sin movimiento y compactación del suelo, el uso de materia orgánica), hasta llegar actualmente a la producción biointensiva (bio = vida, composta, sin agroquímicos, con microorganismos).  

Con la Rokefeller en los años cuarenta del siglo pasado se llegó al monocultivo, al uso y abuso de los agroquímicos, el uso del arado y maquinaria agrícola que compactan el suelo y favorecen la erosión, y últimamente el uso de los transgénicos (OGM). 

“En esta época de pandemia debemos mirar y aprender de nuestro pasado, creando una sinergia entre los saberes de nuestros pueblos originarios y el conocimiento científico, hasta llegar a la autosuficiencia agroalimentaria; productos más sanos, nutritivos y con calidad nutracéutica”, expresa el doctor Raúl Nieto Angel. 

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