Las mujeres transformando el espacio público

Mujeres que pisan fuerte. 05 de marzo de 2020 Por Rocío Flores/OaxacaMedia#8M
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- Fotografía: Carmen Pacheco

Durante décadas, por generaciones y generaciones, miles de mujeres fueron desterradas del espacio público, confinándonos casi siempre al ámbito de lo privado, a la familia, en oposición a lo común, a lo público, a lo político, en un escenario que se fue estableciendo un sistema de mandato y obediencia, respecto a una visión, la de los varones.

Lo doméstico, la familia o lo privado se fue construyendo como un espacio caracterizado por la imposición de estereotipos, de violencia y con un impacto de desigualdad en lo social. A las mujeres se les limitó en su acción en un mundo compartido, donde la realidad depende de todos y donde el destino es el bienestar común. Se les limitó en su expresión, se invisibilizó y se minimizó su labor. El mundo como espacio público y de participación política se fue deshabitando de mujeres.

A pesar de eso, aquí siguen (aquí seguimos), nuestras voces viven en los pueblos, en las ciudades y en la vida social en general. Hacemos política, una política que no se refiere exclusivamente a aquello que tiene que ver con el gobierno de una nación, con los asuntos públicos o con cuestiones sociales propias de un grupo partidista, o ambos a la vez, donde muchas veces se establece como condición las relaciones de mando y sometimiento entre gobernantes y gobernados, se hace al actuar en un lugar donde es posible entablar un diálogo, donde se discute y se decide, es decir, donde se ve a la persona (hombres y mujeres) como ser que actúa, que obra y tiene la facultad para producir un efecto.

En esta otra posibilidad de la política que se basa en la pluralidad, donde coexisten seres o personas, quienes son o se miran como distintos hay igualdad y distinción a la vez. Ahí la palabra y la acción son maneras de distinguirse, de revelarse, de deliberar, elegir y decidir.

Es ahí donde observo a las mujeres en la actualidad, en ese campo de comunicación y de interacción, donde han sumado fuerza y capacidades para concertar con los demás y actuar de acuerdo con las otras (y con los otros) en beneficio común, no en su individualidad.

No es reciente, en muchas comunidades de Oaxaca, la fuerza y potencia de las mujeres ha sido clave en el desarrollo de sus familias y en lo comunitario, a pesar de estar confinadas a lo doméstico. O incluso estar sometidas a cualquier tipo de manifestación de violencia.

También en las ciudades las mujeres han tomado un lugar, aunque tal vez con un triple esfuerzo sus voces se escuchan en los espacios públicos, en la política partidista y un poco en los medios.

El desequilibrio natural y la crisis global derivó en la urgente necesidad de poner fin a la violencia y a todo lo que signifique la muerte, las mujeres están transitando por un momento histórico, visibilizando las más apremiantes demandas, que se respete nuestro derecho a vivir y a vivir libre de violencia.

Tal parece, como dijo María Elena, la joven atacada con ácido presuntamente por un exlegislador del PRI, que al mismo tiempo estamos transitando por un retroceso como humanidad.

Las mujeres lo han hecho visible, hay necesidad de voltear la mirada a problemáticas torales que nos convocan a todas y todos. Tenemos derecho a una vida con dignidad.

Muchas de ellas nos dan pistas en sus luchas por la defensa de la tierra, el medio ambiente, por el agua, por los bosques, por la recuperación de su vida en común que quizá nos orienten y nos den pistas para enfrentar el mundo que vivimos en la actualidad.

A pesar de este critico escenario de violencia, desigualdad social económica y en el ámbito laboral, hay evidencias claras que la participación de las mujeres está siendo una realidad.

Aún con la violencia política o laboral, las mujeres están saliendo de la oscuridad, muchas de ellas bañadas en sangre, con la cara deshecha, con el puño en alto, con coraje y rabia están saliendo a enfrentar y transformar una realidad que ya no se puede vivir más. El silencio ya no es la opción.

En la búsqueda de la libertad de expresión y de acción en la vida pública se han sumado niñas, jóvenes, adolescentes, mujeres adultas y de la tercera edad, mujeres diversas, complejas quizá, pero todas en busca de recuperar el poder, un poder que no es imposición, sino la fuerza y la potencia que se deriva básicamente de la capacidad de actuar en común para cambiar su realidad. Creo que las mujeres lo sabemos, no nos bastamos solas, ni ellos se bastan solos, nuestra existencia depende de otros, por ello el cuidado de ésta, nos debe reunir a todas, a todos.

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