Agrónomos para recuperar el espacio genuino de la agricultura y honrar a los labradores

Luis Ortiz 20 de febrero de 2020 Por Luis Ortiz Valdés
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El 22 de febrero de cada año se celebra en México el día del agrónomo, que se sincroniza con la creación de la histórica Escuela Nacional de Agricultura, fundada un 22 de febrero del año 1854. 

Pero, veamos porque ocurre esto. 

En Europa corrían los vientos del nacimiento de la educación agrícola, provocada por una de las grandes revoluciones, como dice Kautsky, y no era ni la Revolución Francesa, ni la Revolución Industrial, las que influyeron en forma directa; lo era en ese momento la revolución del conocimiento agropecuario, que fue superado de la enseñanza de generación en generación: de padres a hijos, y paso a ser institucionalizada en auténticos centros del saber.

De esta manera se combinaron en ese momento (22 de febrero de 1854) la corriente de pensamiento fisiocrático, de influencia francesa, y la revolución educativa que promovía Alemania.

En Inglaterra todas las ciencias ya se habían colocado en la oferta educativa. Fue la educación agrícola la última en hacerlo.

Así se decía en Francia de la educación agrícola:

“Corresponde a François Quesnay y sus seguidores, los fisiócratas, desde la Francia de 1750, el auge a la profesión agronómica como la gran progenitora de la riqueza nacional; y la actividad agrícola como el gran equilibrio económico. El énfasis en la agricultura era despreciar el valor del comercio ya que no añadía ningún valor a lo que era creado por los granjeros. Así la agricultura y los agrónomos se colocan como el punto cardinal de la visión alimentaria mundial de la gran revolución industrial”.

Así se decía en Alemania de la educación agrícola:

“Por su parte Carl Kautsky nos reseña que: “Thaer, que estudió la agricultura perfeccionada en Inglaterra a fines del siglo pasado y principios de éste, procurando darle un fundamento científico e introducirla en Alemania, fue el primero en reconocer la necesidad de institutos especiales para enseñanza agronómica.

En 1798, en su obra Einleitung zur Kenntniss der Englischen Landwirthschaft, propagaba la «idea de la fundación de un instituto agronómico», fundando pocos años después los primeros de esta clase (en Celle, en 1802, y en Móglin, en 1804), cuyo número aumentó en pocos decenios, figurando en primer lugar, el de Hohenheim en Wurtlemberg, en 1818”. 

Con esto se puede decir que la profesión de agrónomo surgió para sostener la hacienda mexicana, que estaba ya en franca decadencia. 

La actividad agrícola no es cierto que sea la riqueza de las naciones, y a mayor explotación de la tierra también corresponde mayor explotación de hombre por el hombre. Esto fue en el siglo XIX.

Para el siglo XX, contextualizado por una revolución agraria, la de 1910 – 1917, la profesión de agrónomo estaba llamada a dos cosas a repartir las tierras y a resolver la hambruna hasta legar a la autosuficiencia alimentaria.

Para el año 1934 la profesión de agrónomo se convierte en profesión de estado, impulsada y en combinación con la llamada “Dictadura perfecta”, teniendo como contexto la educación socialista que se promulgó el 13 de diciembre de ese año, en el artículo 3º constitucional; y la puesta en marcha del Plan Sexenal 1934 – 1940, que fueron una auténtica expresión de revolución social.

El resultado fue la época de la llamada “Gloriosa ENA”, que, sí logró, junto con el gobierno en turno, pasar de la hambruna a la autosuficiencia alimentaria.

En los años de la década de 1970 – 1980 se inicia paulatinamente el abandono del campo transfiriéndole la responsabilidad del desarrollo al capital, con la Ley de Fomento Agropecuario, que combinaba capital particular y trabajo campesino; junto con ellos también la profesión agronómica cayó en crisis.

La Asociación Mexicana de Educación Agrícola Superior (AMEAS) publicó los diagnósticos que probaron el desastre en la profesión de agrónomo que se produjo con el abandono del campo por parte del neoliberalismo y la implantación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), pero no por ello dejó de celebrarse el día del agrónomo.

En la actualidad, siglo XXI, y en especial recién iniciada la actual administración se vislumbra un panorama diferente, para iniciar hay cuatro agrónomos insertos en la “4T”, que se apuntalan en el liderazgo nacional: el primero de ellos el ingeniero agrónomo Octavio Romero Oropeza, como Director de Pemex, egresado del Colegio Superior de Agricultura Tropical (CSAT), Tabasco; el segundo el ingeniero agrónomo Alfonso Romo Garza, egresado del Tecnológico de Monterrey (ITESM), Jefe de la Oficina de la Presidencia de la República; el tercero ingeniero agrónomo y Dr. Víctor Villalobos Arámbula, Secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, egresado de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh); y, en cuarto lugar está la ingeniero agrónomo María Luisa Albores González, como titular de la  Secretaria de Bienestar, también egresada de la UACh.

El dato relevante, por ahora es que los agrónomos, en especial de la UACh, recuperan la dirección del espacio genuino de la agricultura desde la correspondiente secretaría de estado.

Otro dato trascendental es que al día de hoy y en los años que están por venir los agrónomos tendrán como contexto el marco jurídico y normativo definido por el recién aprobado Tratado comercial México, Estados Unidos de América y Canadá (T-MEC). Este tratado marca muy bien las pautas para que los agrónomos tengan mayores y mejores capacidades y habilidades científico técnicas en el desempeño de la profesión.

Finalmente, cabe decir que la profesión de agrónomo siempre ha estado dividida en dos corrientes de pensamiento: aquella que propone, al estilo fisiócrata, producir mercancías para producir riquezas, que terminan empobreciendo a los moradores del campo, y aquellos agrónomos que promueven la producción de alimentos para la población, que son los que finalmente sustentan la autosuficiencia alimentaria.

Hay un tercer género de agrónomo que no es ingeniero; es la profesión de agrónomo vista como una licenciatura. De los licenciados en agricultura se espera que en breve tiempo den a conocer las virtudes y las vicisitudes de esa profesión, que también, obvio, es de celebrarse este 22 de febrero de 2020.

Para cerrar una frase: “Honra a los labradores, porque los que labran la tierra son el pueblo escogido de Dios”. Thomas Jefferson

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