Dos amigas desiguales, relato de José Pedro Vizuet que conlleva realidad alterna 

CULTURA 22 de junio de 2020 Por Alex Sanciprián
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Texcoco, Edomex.- Tenía tiempo que no había noticia acerca de la venturosa faena productiva de quienes cultivan en las parcelas de la creación literaria de estos rumbos del oriente mexiquense. 

Es decir, un poco más allá de la reciente producción literaria de Claudia Celis (Donde habitan Los Ángeles, Tardes de lluvia y su reciente volumen Cocodrilito quería ser otro) , Alfredo Peñuelas (La orfandad de la Muerte) y Rolando Rosas (Quebrantagüesos y otros poemas, Vagar entre sombras, y Ojo por hoja), quienes tienen en común habitar en el entorno de esta localidad del oriente mexiquense, llama la atención la incursión de José Pedro Vizuet López en estos menesteres de recrear el imaginario colectivo a través de la palabra, en su caso mediante la confección de relatos -en apariencia costumbristas y con recia tradición que viene de la narrativa mexicana ligada al campo mexicano- donde aborda asuntos de raigambre popular como la muerte y sus sucedáneos, en el contexto de una ruralidad apegada a no pocos pueblos originarios, pero con el toque de un surrealismo extremo que adquiere innegable aire poético con sabor a sueños compartidos.

La tradición no es volver a lo mismo. Escribir de otro modo lo mismo requiere una combinación de factores tales como temeridad y economía de esquemas literarios de previsible aliento. José Pedro Vizuet se involucra, a todo tren, en la convicción de rescatar el valor de la escritura, y en ese sentido, activar la figura (quizá desperdigada) de escribir desde los confines de la cultura popular con la particular encomienda de contribuir al fomento de la lectura entre ese público infantil y juvenil azorado en la volátil posibilidad de comunicar o enterarse de algo a través de las redes sociales, donde lo común y lo corriente es la inercia del lenguaje y el culto a la pomposa costumbre de intercambiar intrascendencias.

Desarrollar un tema emblemático en México como la muerte es una literal tarea de recreación en esta temporada de pandemia. La fácil y usual empresa es repetir el rito costumbrista de armar “Calaveritas literarias” en el marco del Día de muertos.

Pedro Vizuet se ha empeñado en cultivar en la zona del olvido colectivo. Ha preparado el terreno y esparce la semilla con tres cuentos que buscan un lector atento, que se quieren una suerte de señalización para enfilar por el camino de devolverle al lenguaje su sentido genuino como transmisor de realidades alternas.

Aquí se presenta una muestra con el relato Dos amigas desiguales, de fácil descarga en medios digitales.

Dos amigas desiguales

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