“Mientras llegas a tu destino disfruta del camino”

CULTURA - Fueron los días de ayer 22 de junio de 2022 Por René Aguilar Díaz
Crónica de una tarde de lluvia y caos vial y una epifanía en Texcoco. Diez minutos que fueron dos horas. El asunto fue tomarlo con calma y comer unos tacos.
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Tarde de martes de junio. El cielo encapotado ha anunciado durante todo el día, recalcitrante y taimado, que lloverá más temprano que tarde. 

La hora de salida de la oficina es a las seis y algún aguacero ya ha caído. Las nubes siguen con una negrura amenazante. 

La circulación vehicular por supuesto se verá afectada: hay calles, y partes de las carreteras que conducen a la cabecera municipal, que suelen encharcarse profusamente.

Al mediodía se había sabido que unos camioneros, choferes de pipas de agua principalmente, con sus pesados vehículos estaban cerrando arterías vitales para la circulación sobre todo el tramo de la carretera Texcoco-Lechería y la entrada a la autopista Peñón-Texcoco. Pero bueno, aparentemente quedaban fuera de nuestro camino: nos dirigíamos al Centro desde la oficina en el Centro Cultural, en las inmediaciones de Coatlinchán.  

En su Caromovil, un vochito azul del año 97, bien jalador aunque a veces remilgoso, Carolina nos da un raid a Rocío y a mí. Yo tengo una cita con el médico a las siete de la tarde. Sin problema me digo: siempre hacemos, cuando mucho, 10 minutos hasta el centro de Texcoco.

Iluso. Los 10 minutos se convirtieron en casi dos horas.

Al llegar a la altura de San Bernardino, los autos empezaron a reducir su velocidad. La chorcha y la plática nos mantuvo distraídos durante unos minutos, hasta que a la altura de “El Cooperativo”, pueblo vecino de la Universidad Autónoma Chapingo, empezamos a especular si sería mejor apartarse de la vía principal y entrar hacia la comunidad de Huexotla y dar un rodeo. Le preguntamos también a Google Maps, pero no aclaró mucho, sólo decía que esos 10 minutos cotidianos se habían convertido en 30.

Carolina sigue de frente porque dice que a veces desviarse es peor y que lo mejor es tener paciencia porque en una de esas el embotellamiento se des-embotella… Chapingo es un nudo, los camiones, trailers y autobuses de pasajeros foráneos son monstruos que echan su monstruosa carrocería por delante, con ese aire de estudiada indiferencia que más bien quiere decir “no respondo chipote con sangre”. Una patrulla de la Guardia Nacional bloquea, exactamente frente a la entrada de la Universidad, el carril sur-norte que va hacia el Centro. Nunca supimos cuál era el objetivo si de todos modos los autos podían pasar por la lateral. Con todo, decidimos no seguir de frente hacia la cabecera y nos desviamos no sin cierta dificultad, hacia la unidad habitacional del ISSSTE… Oh calamidad… sólo avanzamos un centenar de metros y otra vez un nudo. ¿De dónde diablos han salido tantos autos, camionetas último modelo y camiones repartidores de víveres y gaseosas?

Cuando habíamos avanzado penosamente por una de las calles que rodean la unidad habitacional, Carolina preguntó si no fuera mejor que nos detuviéramos al lado del camino, buscáramos un café y esperásemos a que la cosa se calmara. Fue entonces que apareció. Una pared como una epifanía: un letrero, con unas vistosas letras decían “Mientras llegas a tu destino disfruta del camino”. Era el aviso.

Aparcamos en un espacio milagrosamente libre exactamente frente a una tienda que anunciaba Drinks & Beer. Vaya… pero hacía mucho frío como para entrarle a la cerveza.

A esas alturas yo había ya cancelado mi cita con el médico, quien tampoco había llegado al consultorio, seguramente víctima del mismo atolladero.

Pues ya qué. Caminamos hasta la esquina y entramos en una reducida lonchería. Había tacos, quesadillas, y agua de horchata. En lo que dábamos cuenta de una dotación de tacos al pastor, la esquina de Diego Rivera y Juan O’Gorman era un hervidero de láminas, bocinazos y parabrisas con sus limpiadores que decían insistentemente que no, aderezado por el intermitente aguacero. De pronto un joven se decide a desenmarañar el asunto, el pequeño caos de una esquina. Algunos automovilistas hacen caso, a otros les vale; algunos más le dan al paso unas monedas; él interpone su cuerpo cuando el conductor del auto se impacienta y quiere pasar el primero y se arriesga a ser arrollado. Finalmente, la lluvia arrecia y él corta por lo sano. Se desentiende, pero ya ha logrado desenredar el nudo. Los autos empiezan a circular con más fluidez, aunque con la torpeza que invade a todos los que quieren pasar primero y a toda costa.

  Regresamos al Caromovil y damos vuelta en U. Bajamos hacia Chapingo con el temor de que nos encontremos otro nudo insufrible… pero no. Ha pasado ya una hora y media o dos horas y todo ha vuelto a la normalidad. 

¿Por qué cerraron las vialidades los conductores de pipas de agua? Todavía a esa hora las noticias no daban pormenores. 

Eran más de las 8 de la noche.

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